Por Mariza Bafile<
Se llama Mesli Damaris Martínez García, tiene solamente 14 años y vive en Ciudad de México. Desapareció el pasado 30 de septiembre en las instalaciones del suburbano Buenavista. Es sobrina de la caricaturista Martha Barragán, invitada a participar en el evento que ViceVersa Magazine realizará el próximo 11 de noviembre en colaboración con The Cooper Union. De nada le sirvió a Martha, caricaturista, coach y activista, luchar tanto para defender los derechos de las mujeres.
Su sobrina, al igual que millares de niñas, niños y mujeres, desapareció sin dejar rastro y sin merecer la atención de la prensa. Tampoco se escuchó un coro de indignación y solidaridad de parte de los otros caricaturistas. Y la policía sigue el caso con desgana, frialdad e indiferencia.
Es solo una adolescente. Ese es el problema. Es una adolescente más, una joven mujer, una más del montón. Ya no es noticia.
A pesar de las cifras realmente impactantes de las desapariciones en México, donde las ciudades y las carreteras están inundadas de hojas con las fotos de quienes nunca regresaron a sus casas, la política tampoco manifiesta gran interés. En las campañas electorales casi nunca se habla de este tema como tampoco se habla mucho de la violencia de género y de los femicidios.
Los políticos se limitan a pocas palabras cuando no pueden evitarlo pero nunca introducen esta problemática dentro de sus promesas electorales.
No solamente no la consideran una prioridad sino que evitan cuidadosamente promesas serias. Saben que, para atacar ese cáncer, deberían estar dispuestos a luchar para promover cambios profundos en las estructuras estatales y en consecuencia a enfrentar a las mafias que se mueven detrás de las desapariciones. Mafias muy poderosas ya que el tráfico de seres humanos es el segundo mercado más lucrativo después del tráfico de droga. Se habla de una cantidad de dinero que se aproxima, y tal vez supere, los 150 millardos de dólares anuales de los cuales casi 100 generados por la explotación sexual de mujeres y menores de edad.
Según datos que emergieron durante el Foro de “Trabajo sexual y trata de personas” que se llevó a cabo en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México el pasado 13 de febrero, se estima que en México el 82 por ciento de las personas sujetas a trata son mujeres y niñas y más del 50 por ciento son menores. México detiene también el segundo lugar mundial en turismo sexual infantil, después de Tailandia.
Según datos de la OIM Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cada año en el mundo viajan más de tres millones de personas para hacer turismo sexual.
Un informe de Global Slavery Index 2016, revela que 45.8 millones de personas en 167 países vive en condiciones de esclavitud y en México se trata mayoritariamente de esclavitud sexual.
Una sociedad profundamente machista considera normal y casi necesaria la prostitución para satisfacer las necesidades del hombre. La aceptación silenciosa, cómplice, de la sociedad frente a una condición tan denigratoria y dolorosa para las mujeres permite que exista un menor interés de policías, jueces y políticos hacia la trata que casi siempre está al origen de la explotación sexual.
La violencia de género, la desaparición forzada de niños, niñas y adolescentes, y los femicidios son un problema que aqueja todos los países de América Latina y del Caribe y no solo. Se estima que 45,6 millones de personas son víctimas de este delito alrededor del mundo, la mayoría de ellas son de sexo femenino.
Sin embargo en México la violencia de género, los femicidios, y la desaparición de seres humanos se está transformando en una verdadera emergencia nacional y, lo que quizás sea peor todavía, en un mal “normal”. Como señaló Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios (OCNF), no existe la voluntad política de buscar soluciones.
Las familias quedan sumergidas en una soledad abrumadora. Buscan, entre la indiferencia general, una pista, un rastro. Buscan y buscan incansablemente. Tapizan postes y paredes con fotos sonrientes de sus seres queridos, sin perder nunca la esperanza. A veces encuentran a los culpables y sin embargo pocas veces logran verlos tras rejas. La justicia tiene mallas muy amplias cuando se trata de juzgar a un traficante de seres humanos, a un explotador de adolescentes, a un violador y hasta a un asesino de mujeres.
Y así, mientras el mundo llora la muerte de Hugh Hefner, el fundador de Playboy y los diarios y revistas de todo el mundo dedican grandes titulares al fallecimiento, a los 91 años, del hombre que ha transformado a las mujeres en conejos, la desaparición de Mesli Damaris Martínez García, no merece ni lágrimas solidarias de desconocidos, ni centimetraje en la prensa.
Mesli Damaris Martínez García es solo una niña más quien un día salió de su casa y no ha vuelto a regresar. Solo una niña.

Vía Vice Versa Mag

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