David Foster Wallace es una de las vacas sagradas de la modernidad literaria estadounidense. Su muerte, en el 2008, lo elevó a un nivel de culto, similar al de Kurt Cobain. 

Ese aura de genialidad ha sido, quizás, la cortina perfecta para esconder una personalidad compleja, conflictiva y machista que no cabe en el personaje idealizado del escritor/genio 

La escritora Mary Karr, sin embargo, no cree en ese escudo protector. Y en medio del ambiente de denuncia y confesión impulsado por el movimiento #MeToo, soltó su experiencia con el difunto autor de La broma infinita. 

“Profundamente entristecida por las alegaciones contra Junot Díaz. Mi apoyo a todas las mujeres lo suficientemente valientes para hablar. La violencia que David Foster Wallace infligió hacia mí como madre soltera fue ignorada por su biógrafo y el New Yorker a pesar de que tenían las cartas en la mano”, dijo en su cuenta de Twitter. “Pero DFW era blanco”.

Mary Karr es conocida como poeta y escritora autobiográfica. Su libro El club de los mentirosos fue publicado en 1995 y se convirtió en un éxito editorial. La última edición de este libro viene con un prefacio de Lena Dunham, quien varias veces la ha citado como una de sus inspiraciones. “No me sorprendería si el 73 por ciento de las memorias escritas en los últimos veinte años fueran el resultado de apasionados lectores de El club de los mentirosos que pensaron: ‘Oye, yo también puedo hacerlo’”, escribe la creadora tras la serie televisiva Girls.

Se conocieron a principio de los noventa con Foster Wallace que entonces estaba en rehabilitación; vivía en Boston, donde era parte de un grupo de ayuda. También con un pasado de drogas y alcohol, Karr ayudaba a algunas de las personas que pasaban por rehabilitación. Así se conocieron. Y comenzaron a verse a escondidas. Mary Karr estaba en medio de una relación (tenía un hijo) y por lo que prefirió cubrir la relación con un velo de ambigüedad; Foster Wallace, a su vez, decía estar completamente enamorado, lo cual lo llevó a extremos como mencionar que le dispararía al esposo de Karr. O tatuarse su nombre en sus bíceps.

Con el tiempo comenzaron oficialmente una relación. Jugaban tenis. Veían películas tomados de las manos. Wallace y el hijo de Karr salían de paseo mientras ésta terminaba El club de los mentirosos. Pero esta etapa de felicidad no duró mucho. Según la autora estadounidense, ambos pasaban por malos momentos de sus vidas. Y además Wallace estaba demasiado imbuido en sus vida interior, mientras que Karr tenía otras preocupaciones, como cuidar a su hijo. Todo empeoró una ocasión en que Karr le pidió que recogiera a su hijo. DFW le respondió que no podía: necesitaba ir al gimnasio. A partir de ahí la autora comenzó a alejarse. Pero DFW pasaba por momentos de rabia. No quería dejarla.

“Me pateó. Trepó por el balcón de mi casa una noche. Siguió a mi hijo de 5 años, de casa al colegio. Tuve que cambiar mi número de teléfono dos veces, y aún así él lo conseguía. Durante meses, continuó llamándome”, contó Karr en su cuenta de Twitter.

La mayoría de estos incidentes se narran en Todas las historias de amor son historias de fantasmas, biografía que el periodista del New Yorker DT Max escribió sobre David Foster Wallace. “La información estaba ahí, contada de puño y letra por su biógrafo y traducida a una decena de idiomas”, escribió la autora española Luna Miguel en una columna de opinión para Playground. “Pero la información no nos importó, porque la metimos en el saco de las otras tantas excentricidades de un escritor atormentado, ¿y no son escritores atormentados esos héroes a los que todo se lo perdonamos?”.

Hacia mitad de los noventa, Foster Wallace dejó Boston y comenzó a trabajar como profesor universitario; en 1996 publicaría La broma infinita, considerada, por la revista Time, como una de las cien mejores novelas escritas en lengua inglesa. Un año antes, en 1995, Karr saltaría a la lista de los más vendidos gracias al El club de los mentirosos, elegido en su momento como mejor libro del año por The New York Times, The New Yorker, People y Time.

“¿Debería tirar a la basura mi copia de La broma infinita?”, le preguntó un lector a través de Twitter a Karr, el día después de que ésta contará sus experiencias con DFW. “Jamás le pediría a alguien tirar un libro a la basura”, fue la respuesta. Y frente a otro lector, esta vez uno que confesó recién haber empezado a leer La broma infinita, Karr le dijo: “Oh, sigue leyéndolo. Todavía leo montones de libros escritos por gente con actos deplorables en sus biografías. Me he sentido envalentonada para hablar de esto gracias a la valentía de mis alumnos y los #metoo #timesup”.

“A veces la gente habla y habla sobre David Foster Wallace como si mi contribución a la literatura fuera que tuve sexo con él, un par de veces, a principios de los noventa”, dijo Karr en una entrevista con Lena Dunham publicada el año pasado. “Todos en Estados Unidos me deben un dólar por leer La broma infinita”.


Con información de La Tercera

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