Venezuela vive una paradoja: pese a tener una de las mayores reservas petroleras del mundo, su nivel de producción ha caído hasta el punto que para cumplir sus compromisos tiene que comprar petróleo en el mercado, como sucedió esta semana cuando la petrolera estatal PDVSA compró cerca de 440 millones de dólares en crudo extranjero y lo envió directamente a Cuba con condiciones crediticias amistosas.

Esto según informó la agencia de noticias Reuters citando documentos internos de la empresa.

Dichas condiciones amistosos a menudo implican pérdidas.

Los envíos son las primeras instancias documentadas de que la nación, miembro de la Opep, compra crudo para abastecer a sus aliados regionales en lugar de venderles petróleo de sus propias reservas.

Venezuela realizó las entregas con descuentos, que no se habían informado anteriormente, pese a su gran necesidad de divisas para reforzar su economía y para importar alimentos y medicinas en medio de una escasez generalizada. 

Las compras de petróleo en el mercado abierto para subsidiar a Cuba, uno de los pocos aliados que le quedan a Venezuela, destacan el deterioro de su sector energético bajo el gobierno del presidente Nicolás Maduro. 

Las compras se produjeron luego de que la producción de crudo de Venezuela tocó un mínimo de 33 años en el primer trimestre, una baja de 28 por ciento en 12 meses. Las refinerías de la nación están operando a un tercio de su capacidad y sus trabajadores están renunciando por miles. 

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