Estando en París allá por el año 1879, y tras declarar que había recibido propuestas tentativas de parte de algunas mujeres, el escritor y aventurero Mark Twain ofreció una conferencia frente a un grupo de caballeros, en la que hizo algunas acotaciones sobre lo absurdo de condenar la masturbación, una práctica común y natural para el equilibrio mental del ser humano. 

En “Reflexiones sobre la ciencia del Onanismo”, como se titula tal discurso, Mark Twain hace una aguda crítica a la religión por respaldar teorías ridículas y considerar a la ‘autosatisfacción’ como un pecado mortal que merece la condena eterna. Esto, por antecedentes como los descritos en un texto médico de principios del siglo XX en el que se hacía a los padres “recomendaciones” sobre lo que debían decir a los pequeños cuando estos estimularan sus genitales: “Enseñe a su niño que cuando se masturba o excita los órganos sexuales todas las partes del cuerpo sufren. Este hábito repugnante sienta las bases para el consumo, parálisis y enfermedades del corazón. Esto hace que muchos niños pierden la cabeza; otros, cuando crecen, se suicidan”. 

Mark Twain ironizó esta postura médico-religiosa durante la conferencia y se burló las actitudes sociales, propias de la época, que han permanecido en el terreno de la moral y la cultura desde tiempos inmemoriales e, incluso, han sido tema de discusión entre autores de todos los tiempos para elaborar una reflexión sobre el papel de la masturbación en el medio creativo. 

Estas son algunas de las frases de ciertas personalidades destacadas de la historia y la literatura acerca del acto de masturbarse, que Twain citó en aquella ponencia: 

Homero, en el segundo libro de la Ilíada, señaló: “Dame la masturbación o dame la muerte”. 

César, en sus Comentarios, dice: “Para los que están solos, es la compañía; de los desamparados es un amigo; para los de edad avanzada o impotentes es un benefactor; los que sean pobre son ricos si con esto se divierten”. 

Robinson Crusoe añadió: “No puedo describir lo que le debo a este noble arte”. 

La reina Elizabeth dijo: “Es el baluarte de la virginidad”. 

Cetewayo, el rey del pueblo zulú, comentó: “Un tirón en la mano vale más que dos en el monte”. 

El inmortal Franklin aclaró: “La masturbación es la madre de la invención”. “La masturbación es la mejor política”. 

Al término de estas referencias, Mark Twain se volcó hacia la teoría evolucionista de Darwin. “El mono es el único animal, además del hombre, que practica esta ciencia; por lo tanto, él es nuestro hermano; hay un lazo de simpatía y de relación entre nosotros. Sitúe a este animal en un momento propicio y él en seguida hará a un lado sus otros asuntos para llevar a cabo el acto; verá, por las contorsiones y su expresión de éxtasis, que toma un interés inteligente y humano en su actuación”. 

En el mismo tenor de satirizar el tema, Twain hace mofa de los supuestos efectos de la práctica, de los que dice son ‘fácilmente detectables’. “Uno sabe si una persona se masturba demasiado cuando lo realiza como un incentivo para comer, beber, fumar, para convivir con los demás, reír, hacer bromas, contar historias o lo toma como ‘un deseo vivo’ para pintar cuadros”. 

Dijo Mark Twain que, de todas las prácticas sexuales, la masturbación es la menos recomendable, pues “como diversión, es demasiado fugaz; como ocupación, lleva demasiado tiempo; como exposición pública, no genera ingresos. Además, no está bien practicarla en la sala de estar, y en las sociedades más cultas hace tiempo que se desdeñó de las reuniones sociales”. 

En conclusión, Mark Twain no es que haga apología ‘propajeros’ sino que quiere resaltar cuán hipócrita puede ser una sociedad que condena lo que ella misma practica a escondidas. Y por otro lado, ya podemos entender porque Mark Twain escribía sus obras con la izquierda.

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