Es probable que no exista un país futbolero al que no le entusiasme la idea de organizar y ser sede de una Copa del Mundo. Para cada edición son muchos los postulantes, pero el honor queda para uno solo o, como parece será el futuro, es compartida por dos naciones. Por eso, fueron varios los sorprendidos cuando en 1982, Colombia renunció a albergar el Mundial que se desarrollaría cuatro años después.

En 1974, en plena disputa de la Copa que se disputó en Alemania, la FIFA seleccionó a Colombia como organizador del Mundial que se jugaría recién doce años después. Todo ese tiempo le concedían a los caribeños para organizar la máxima fiesta futbolística del plantel, transformándolo de esta manera en el quinto sudamericano en albergarla. Hasta ese momento, Uruguay, Brasil y Chile ya habían tenido su oportunidad y, cuatro años después, la tendría Argentina.

Colombia, entonces, aceptó orgulloso el nombramiento de la Federación Internacional del Fútbol Asociado y puso manos a la obra. Rápidamente, notaron desde ese país que organizar un evento de este tipo no era moco de pavo, especialmente con la cantidad de problemas internos que lo aquejaban.

Algo muy similar a lo que pasó cuatro años atrás en Brasil: cuando pasó la euforia de los festejos tras el nombramiento, de a poco algunos sectores de la población comenzaron a manifestarse en contra de la realización del Mundial; entendían que era una pérdida de dinero ya que significaba gastos que la nación no parecía estar en condiciones de hacer.

A estos problemas se les sumaba el notorio retraso en cuando a la creación de infraestructura (estadios, complejos y demás) que demanda este torneo. Sobre principios del 80, cuando quedaba menos, el panorama estaba muy turbio y ya nadie en Colombia estaba entusiasmado con tener su propio Mundial.

Algunas de las exigencias de la FIFA eran: tener dos estadios con una capacidad mínima de 80 mil personas; seis para por lo menos 60 mil y doce para 40 mil. También pedía que haya una red de trenes que una todas las sedes, congelamiento en las tarifas de los hoteles para los miembros FIFA a partir del 1 de enero de 1986, una flota de limusinas para los directivos de este organismo, una red de carreteras que permitiera el fácil desplazamiento de una ciudad a otra y muchísimas cosas más, que Colombia estaba lejos de lograr.

Por eso, sobre el 1981 comenzó la presión desde la FIFA, que veía al país cafetero imposibilitado de organizar una nueva Copa del Mundo.”Nadie quiere ir, pero tenemos que ir igual; la única solución seria que renuncien a la candidatura”, expresó Artemio Franchi, Secretario General de la FIFA.

Esa presión asfixiante, más el pedido de la inmensa mayoría de la población, desencadenó lo que parecía obvio: Colombia renunció a su candidatura, a fines del 1982.

“Como preservamos el bien público, como sabemos que el desperdicio es imperdonable, anuncio a mis compatriotas que el Mundial de Fútbol 1986 no se hará en Colombia. Previa consulta democrática sobre cuáles son nuestras necesidades reales no se cumplió la regla de oro consistente en que el Mundial debía servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial. Aquí tenemos muchas otras cosas que hacer y no hay ni siquiera tiempo para atender las extravagancias de FIFA y sus socios”, explicó Belisario Bentancur, el presidente colombiano por entonces.

Rápidamente seleccionaron a México como sede, que ya había organizado uno en 1970, tenía todo más que pronto y el Mundial no se iba del continente americano. Mundial al que, Colombia, ni siquiera logró clasificar.

 

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