Tenía un motor en el cuerpo. Un motor que brillaba en sus fuckinsísimos ojos croatas, en su piel cobriza y quizás en su alma de boliviana ad honorem. Y es que la niña ya no era niña (mucho menos de mis ojos, lo supe), tenía la bohemia pegada a las suelas y era capaz de aparecer fugazmente en cualquier vida y cualquier mundo como si se tratase de una venérea inmune a la penicilina del olvido. Yo nunca fui un abstemio. No la recordé, la contraje.

Cuando la vi aparecer en el café con cara de pasado, me saludó con las zetas del idioma adaptadas con naturalidad, como si tratase de obviar sus inenarrables curvas, y yo, con dichas curvas reflejadas en los globos oculares, le seguí el juego y no mencioné su metamorfosis de púber princesa guaraní en Barbie amazónica de jeans descoloridos y olor a rock y a mundo. Sus ojos mordían. 

Fue una semana sin rewind-play, tardes marrón, fritanga, cerveza y manzanas acarameladas. Cerveza (bis). Hay que dejar claro que sus historias, sus dedos y su ombligo perforado, eran un deleite del cual sabes no te pertenece ni un suspiro, ni una mueca, ni un poquito de saliva, nada, nada, nada. Por eso me animé a asomarme al borde del precipicio de sus ojos cerveza esperando caer.

Hablando sin hablar y nunca, ni en un instante de eréctil perversión, atreverme a imaginar que algunas noches ella tendría un triángulo de terciopelo negro dispuesto a otros amores, o bueno, a amores ‘de a de veras’ como dice ella con ese acento mexican mix.

-Pinche Miguel Angel- me decía mientras yo pensaba en toditas las putas veces que le dije no me digas así Ana. Pero ella insistió y jodió y jodió con el nombrecito hasta que la cosa me gustó. Y tomando cerveza que es la mejor manera de conocer a dios, nos íbamos coqueteando sin daño, guiñando el ojo de una manera sutilmente ridícula y tierna, la mano en la rodilla por dos segundos, conscientes del no rotundo.

“Just a perfect day/ problems all left alone/ Weekenders on our own/ it’s such fun. Just a perfect day/ you made me forget myself/ I thought I was someone else,/ someone good. 
Oh, it’s such a perfect day/ I’m glad I spent it with you/ Oh, such a perfect day/ You just keep me hanging on….”

Un día perfecto. Lou Reed. Todo lo perfecto acaba. No sería perfecto si no acabara. I´m glad i spent it with you…

Nuestros destinos estaban verticalmente enfrentados, pero de tanto alejarse terminarán por verse las caras al dar la vuelta al mundo, cada uno caminando en su dirección.

Hay semanas que simplemente son así. Otras, obvio que no lo son.

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