Es una de las tradiciones que despiertan más sorpresa y pavor a los ojos del mundo occidental, cuando ven que varios bolivianos rinden un culto a las calaveras humanas, cada 8 de noviembre. Se trata de la fiesta de las ‘ñatitas’, una tradición que va ganando terreno. Popularmente en el área occidental del país se denomina ‘ñata’ o ‘ñato’ a aquella persona de reducida nariz, y como las calaveras presentan una figura achatada frontalmente fueron denominadas así: ‘ñatitas’.

Calcular cuántas personas practican este ritual es casi imposible, ya que la fiesta tiene un origen clandestino, que nació en el área rural y se trasladó, junto con las migraciones internas, hacia las ciudades, principalmente a La Paz.
Las ‘ñatitas’ sólo se hacen visibles cada 8 de noviembre, que coinciden con el denominado Día Sin Sombra en Bolivia. En esta fecha, todas ellas se dan cita -primero- en el cementerio general y luego en diferentes locales bailables aledaños al campo santo, donde se organizan fiestas en su honor. Se trata del presterío, una especie de celebración comunitaria.

“Somos varios los que poseemos una o varias ñatitas en nuestros hogares y cada año el preste –o la persona que tiene que organizar la fiesta– se va rotando entre cada una de las familias. El primer año pueden ser los Salinas, al siguiente los Flores y así sucesivamente… Por eso es una fiesta comunitaria, porque todos aportan para todos”, explica Teresa Meneces, una comerciante de la calle Eloy Salmón.

‘Julita’ se llama la ‘ñatita’ que, desde hace 35 años, posee Teresa. Es una norma que todas ellas deben tener un nombre y son tratadas como si fueran parte de la familia, pues en la mayoría de los casos lo son, ya que las calaveritas pertenecen a tíos, padres, abuelos o hijos.

Las más conocidas mediáticamente son ‘Juanito’ y ‘Juanita’, dos ñatitas que posee la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen de la ciudad de El Alto. Desde 1985, ambas calaveras, según la Policía, han resuelto varios casos, pues los acusados son interrogados con carácter investigativo delante de las mismas. De esta forma se influye en el comportamiento de los aprehendidos, que, en algunas ocasiones, confiesan sus delitos por miedo a ellas.

“Es que no puedes mentir a las ñatitas, ni tampoco jugar con ellas. Son idénticas a una persona, porque te cuidan la casa, te hacen sueño si es que te va a ir mal, te protegen, te advierten”, explica Teresa.

Todos los lunes del año, de forma sagrada, los Meneces rinden culto a ‘Julita’, que se encuentra en una urna de cristal sobre una pequeña mesa donde se instalan flores, se le entrega coca y se le prende un cigarrillo. “Los lunes son los días de los espíritus y por eso hay que prender un cigarrito en la boca de la ñatita y se la deja así. Se le reza para pedir que nos cuide y que nunca nos abandone. Hay que challar con alcohol y coca y, al final el cigarro se consume todo”, agrega Teresa. Otras personas realizan este ritual los martes y viernes.

Pero si uno se olvida que en casa tiene a una ‘ñatita’, si no le rinde culto y tampoco le prende el pucho los lunes, pues le va mal. “Varias amigas creen que no tuvieron suerte en el negocio o con la familia porque la descuidaron”, acota Teresa, demostrando una relación de miedo y confianza con su calaverita.

De cuna rural
Estudios sociológicos identifican que este fenómeno se remonta a la época preincaica y que nació en la región de Uru o Uruchipaya (departamento de Oruro), cuando las calaveritas eran desenterradas para vestirlas, hacerlas comer y vueltas a enterrar. El rito se realizaba el 24 de octubre, pero durante la Colonia fue prohibido. Luego fue nuevamente practicado el 8 de noviembre para relacionarlo con Todos Santos.

Otras investigaciones cuentan que en el altiplano paceño se de-senterraba todo el cadáver, para compartir durante 24 horas sus bebidas y comidas preferidas en vida y después nuevamente se enterraba. La práctica se redujo a sólo la calavera y se la relaciona con un pedido a la naturaleza para atraer a las lluvias en época de sequía. Con la migración, esta práctica se hizo presente en La Paz, según crónicas históricas, desde 1964

A ‘Julita’ la visten como si fuera una mascota o una muñeca. Le colocan gorros de lana, viseras e incluso collares. Los diferentes looks se pueden apreciar en noviembre, cuando miles de ellas salen de sus casas para lucir gafas tipo Ray-Ban, cascos de militares, sombreros de policías, lluch’us, pañoletas o vinchas de los más variados tamaños y estilos. También es vistoso el sitio donde son guardadas, que va desde humildes cajas de cartón, pasando por cubos de madera hasta los más refinados cofres de cristal.

Al mediodía de la octava de noviembre, las ‘ñatitas’, portadas por sus dueños, se dirigen a la capilla situada dentro del cementerio. Ahí son bendecidas con el agua correspondiente y en las afueras reciben las oraciones y pedidos de sus acompañantes, conocidos y desconocidos; y es en el mismo cementerio que las ‘ñatitas’ reciben música, llanto de sus parientes vivos y mucha comida y bebida.

Entre el cielo y el infierno
En 2008, el párroco se negó a ofrecer la tradicional misa para las calaveras. Sus dueños gritaron: “¿Qué queremos? ¡Misa!, ¿Cuándo? ¡Ahora!, ¿Cuándo carajo? ¡Ahora carajo!”, pero se tuvieron que conformar en ver cómo el capellán rociaba con agua bendita los cráneos humanos.

Este año se había prometido igual medida. Monseñor Edmundo Abastoflor fue claro: “No se puede atribuir a estos cráneos poderes mágicos u ocultos, porque esta práctica no responde al sentido pascual de la muerte cristiana. No es cristiano el pretender utilizar ‘potencias ocultas’, queriendo ponerlas a nuestro servicio, ni para bien ni para mal. Los restos mortales de las personas deben ser respetados en sus tumbas, hasta que llegue el momento de la resurrección. No es bueno fomentar las creencias queriendo darles un tinte cristiano, lo que confunde a la gente. A nuestros hermanos sacerdotes deseo decirles que no es conveniente aceptar intenciones de misas para las ‘ñatitas’, sino que se puede celebrar para los fieles difuntos o para las almas desconocidas. Inculcar a la gente que no es necesario traer restos humanos sacados de las tumbas a los templos, sino más bien dejar que ‘descansen en paz’, pidiendo al Señor por ellos”.

Pero nada de ello ocurrió. La presión de la gente logró que el párroco de turno en el cementerio celebre la misa para las calaveras. Algunos devotos explicaron que la presión fue acompañada de diezmo para esa capilla.

“Es comprensible la actitud de la Iglesia, que tiene una mirada occidental sobre nuestras costumbres. En este caso, esa mirada separa la vida de la muerte, en cambio en nuestra cultura, la muerte convive entre nosotros y no existe un divorcio traumático”, explica el antropólogo David Mendoza, estudioso sobre el fenómeno de las ‘ñatitas’.

Con o sin prohibición, se realizó la gran fiesta para ‘Martín’, la calavera que en vida fue el abuelo de Remedios Colque. “Mi abuelito murió en un accidente de tránsito. Primero lo guardó mi papá y cuando falleció me lo heredó. Ahora yo lo cuido, porque el abuelito siempre nos protege”, cuenta Remedios.

Algunos prefieren que las ‘ñatitas’ sean de familiares, otros recomiendan que deben proceder de cadáveres que sufrieron una muerte repentina o hayan trabajado en la institución policial. La adquisición de las ñatitas tiene diferentes causas, desde herencias, regalos, compra hasta venta. En este punto, varios testimonios dan cuenta de que las ‘ñatitas’ provienen de robos de cuerpos en cementerios clandestinos que existen alrededor de La Paz y El Alto. Al observar los cortes en la parte craneal se nota que muchas fueron desechadas por estudiantes de Medicina.

Por Richard Sánchez, Revista Extra

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