No estemos con cosas: un latinoamericano que vota por los republicanos no es otra cosa que un traidor a sus origenes. Está en su derecho de hacerlo y el respeto a la identidad es algo que nadie está obligado a guardar. Sin embargo, darle poder a un partido que en los últimos años ha basado su discurso político en el racismo tiene mucha cara de autogol.

Es que los republicanos -más allá de sus ideas sobre la libertad económica- son básicamente un bastión de todas las dificultades que un latino ha tenido que enfrentar en The land of the free and home for the brave. 

El discurso trumpista se ha basado específicamente en el rechazo a la hispanidad como un todo y a lo mexicano como un objeto concreto: build that wall era el corito de su campaña de odio que lo montó en la Casa Blanca empujado por la ignoracia del WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) que cree que los inmigrantes le están quitando lo que le pertenece.

No faltaron los “Latinos for Trump” durante su campaña presidencial: el efecto wannabe es mucho más intrincado que pensar en personas avergonzadas de su origen racial. La idea de apoyar a tu verdugo tiene mucho que ver con la necesidad de adaptación en contextos extremos. 

Los latinos trumpistas creen de alguna forma que su mecanismo de americanización es apostar por el partido racista como si se tratase de una manta protectora que los salvaría a ellos de ese mismo racismo, desconociendo que la apuesta por los republicanos en la era de Trump solo normaliza aquel racismo y la discriminación racial, flexibilizando las fronteras del pudor y el respeto a los otros. 

Otros inmigrantes republicanos siguen una línea de pensamiento en la cual aceptan que la inmigración es un problema, por eso después de ellos que se cierre la puerta. Un psicólogo podría identificar claramente el temor detrás de esta actitud: si somos muchos seré un problema, piensan. Por eso después de mi, nadie más.

Hay otros, quizás los más fáciles de comprender, se inclinan por el contrasentido de apoyar a un republicano como reflejo del motivo que los llevó hasta Estados Unidos: venezolanos y cubanos apoyan en su mayoría al GOP creyendo en una hipotética mano dura contra los gobiernos de sus países de origen. 

En esa salsa llevan 60 años los inmigrantes cubanos sin que se les conceda el milagrito. En contraste, sí se han apoyado restricciones a los inmigrantes cubanos. Qué volá, asere. 

A pesar de todo esto, la posibilidad del wannabe racist es alta entre los latinos: se trata de un grupo que más allá del castellano no logra encontrar puntos de unión en Estados Unidos y que salvo pequeñas experiencias en territorios como California o Florida, ha aplicado más un modelo de sálvese quien pueda para sobrevivir.

Hay 29 millones de inmigrantes hispanoamericanos inscritos para votar en las elecciones. Eso podría ser suficiente para inclinar la balanza lejos de Trump y su discurso racista. Sin embargo, el camino que tome este voto es, tristemente, un enigma aún en tiempos de odio oficial contra la comunidad. 

Que este año sí

Según una encuesta de Reuters, los hispanos están más interesados ​​en votar este año que en las últimas elecciones de medio término al Congreso de Estados Unidos en 2014 y su entusiasmo supera al de todos los adultos estadounidenses.

El sondeo también reveló que los probables votantes hispanos se inclinan casi dos veces más por apoyar a los demócratas para la Cámara de Representantes, que a los republicanos en los comicios del próximo martes.

Los latinos podrían jugar un papel crucial en varias competencias estrechas, como las del Senado en Arizona, Texas y Florida, donde también está muy disputado el cargo de gobernador en Florida. En California, la floreciente población latina ha ayudado a poner en duda algunos distritos controlados por los republicanos.

Los grupos de registro de votantes están usando la retórica nacionalista y antiinmigración del presidente republicano Donald Trump como una oportunidad para aumentar el entusiasmo latino. Para ilustrar esta pasión, un grupo que forma parte de una alianza que ha llegado a más de 1 millón de votantes potenciales en Arizona responde al nombre “Lucha”, en español.

La mayoría de sondeos y analistas espera que los demócratas ganen los 23 escaños que necesitan para asumir el control de la Cámara. Por contra, parece que los republicanos retendrán el control del Senado.

El sondeo elaborado entre el 1 de septiembre y el 29 de octubre, dice que el 36 por ciento de los votantes hispanos dijo que acudirá “seguro” a las urnas, por encima del 27 por ciento en 2014. Este alza es casi el doble del aumento de cinco puntos porcentuales en el entusiasmo entre todos los votantes estadounidenses durante el mismo período, según la encuesta

El entusiasmo parece especialmente elevado entre los hispanos demócratas. El 42 por ciento de los hispanos demócratas dijo que están “seguros” de votar, en comparación con el 29 por ciento en 2014. Entre los probables votantes hispanos, el 60 por ciento dijo que optarán por un candidato demócrata a la Cámara de Representantes y que el 32 por ciento respaldará a un republicano.

Pese a todo, el 31 por ciento es republicano

Los hispanos son un grupo políticamente diverso. El 55 por ciento de los votantes probables se identifica como demócrata, el 31 por ciento como republicano y el 12 por ciento como independiente, según el estudio.

Un poco más de la mitad de los probables votantes hispanos, el 53 por ciento, aseguró estar “muy motivado” para elegir un candidato para el Congreso que se oponga a Trump, comparado con el 43 por ciento de todos los votantes probables, el 75 por ciento de los probables votantes demócratas y el 9 por ciento de los votantes republicanos probables.

Para los candidatos en estados fronterizos con grandes poblaciones hispanas como Arizona, una pregunta fundamental es si los latinos acudirán a las urnas, ya que este bloque de votantes siempre ha tenido potencial para el Partido Demócrata, pero la baja afluencia hispana en 2014 fue una señal de advertencia.

Opina que es gratis