Ok. Esto no es una noticia. Esto es el reflejo de quienes gobiernan un país llevado por el fanatismo. La cosa pasó así: la noche del lunes, cuando el Congreso colombiano debatía una serie de modificaciones a las leyes de seguridad para sentar las bases de posibles negociaciones con grupos armados en el futuro, desde el público un grupo de visitantes arrojó una bolsa con ratones vivos al expresidente Álvaro Uribe.
 
El episodio fue tomado como una afrenta contra el ex mandatario: muchos consideraron que se trataba de un insulto al compararlo con los animales. 

Sin embargo, el partido de Uribe -que ha apostado por recostarse en los polos más conservadores de la sociedad como los fanáticos religiosos- tuvo otra lectura del hecho. Según ellos, la cosa se trató de un acto de brujería. 

Como si faltaran escenas surreales en el país del realismo mágico, tras el hecho, la senadora Milla Patricia Romero tiró gotas de agua bendita sobre los escritorios de la bancada uribista donde cayeron los ratones. 

Incluso el propio Uribe, principal figura política del país, apoyó la versión de quienes le han advertido que en efecto podría tratrse de lo que llamó “un grito de brujería”. 

Además del agua bendita, el senador Jhon Milton Rodríguez, del partido cristiano Colombia Justa Libres, que hace parte de la coalición de gobierno con el Centro Democrático, ofreció sus servicios y elevó una oración en el mismo lugar. Afortunadamente se trata de un Estado laico…

Uribe cuestionó que se haya utilizado animales para agredir a su bancada de congresistas y censuró que los sospechosos de haber lanzado los ratones sean animalistas.  “Se ha dado un debate de protección de animales, se han aprobado leyes, y cómo torturan esos animalitos personas que supuestamente son animalistas”, manifestó.

El incidente de los ratones dejó en evidencia la fragilidad de la seguridad del Capitolio, tal como lo admitieron sus directivas. Gregorio Eljach, secretario del Senado, señaló que no ha pasado nada en el Congreso “porque los bandidos no han querido”. 

El funcionario, según relata Semana, consideró que la agresión con roedores de la que fue víctimas el uribismo demuestra que el que debería ser uno de los edificios mejor custodiados de la ciudad es vulnerable: “nos pueden meter una bomba, un ácido, un polvo como el ántrax o cualquier cosa”.

Además, el incidente registrado el martes en el Senado dejó al descubierto que las cámaras de seguridad no funcionan en su totalidad. De las 248 cámaras instaladas, el 45% de ellas presentan daños. Entre ellas se identificó la cámara  del recinto del Senado que debía haber grabado a los agresores y el momento exacto en el que se arrojaron los ratones. De haber tenido conexión a internet, se hubiera podido probar quién fue el agresor y se habrían resuelto las sospechas.

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