La violencia machista es uno de los principales flagelos de España. En el 2017 una mujer fue asesinada cada 3 días en casos de violencia machista y por estos días el caso de Laura Luelmo -presumiblemente abusada y asesinada- en un pueblo de Andalucía vuelve a poner el tema sobre la mesa.

Sin embargo, algunos españoles se cuestionan hasta qué punto la solidaridad en casos de abuso es transversal

La cosa es así: a principios de verano las periodistas Pascale Muller y Stefania Prandi publicaron un artículo sobre la situación de las mujeres temporeras marroquíes destapando las condiciones lamentables a las que se ven sometidas estas trabajadoras inmigrantes, siendo claros los abusos tanto laborales como sexuales. Según la periodista alemana las condiciones de precariedad de las viviendas, la dependencia económica del trabajo en el campo así como el que en sus países de origen tengan una familia a la que alimentar unido a la falta de conocimiento del idioma y de las leyes, hace que las mujeres se encuentren en una situación de indefensión frente a los atacantes.

De 100 mujeres a las que las periodistas entrevistaron, 28 habían sufrido violaciones y otras tantas agresiones de todo tipo. Ante todo esto, hubo cierto revuelo sobre todo por la zona de Huelva y otras ciudades andaluzas, pero nada que ver con las manifestaciones masivas que se originaron a raíz del caso de la Manada. Parece que unos sucesos patriarcales son más importantes que otros para la agenda feminista o, que tenemos unos privilegios de clase y raza tan enraizados que nos impide esgrimir el slogan “yo si te creo” cuando la agredida es inmigrante, de clase baja, con trabajos precarizados, lleva velo, piel morena y manos ajadas.

Desde los feminismos se explica en innumerables ocasiones el calificativo “interseccionalidad”, término acuñado  por 1989 Kimberlé Williams Crenshaw, para visibilizar las múltiples opresiones que se pueden sufrir – género, clase, raza, edad, orientación sexual,etc.- Pero claro, cuando se trata de ponerlo en la práctica, ya la ceguera que provoca tener ciertos privilegios nos impide dar la misma importancia y denunciar con toda nuestra rabia casos como el de las temporeras en donde es evidente cómo su situación es de mayor indefensión al entrecruzarse diversos ejes de opresión.

La denuncia interpuesta por las cuatro mujeres marroquíes ha quedado archivada porque según el Juez las cuatro mujeres mienten como parte de una “maniobra para quedarse en España” tras ser despedidas de la finca. Este caso de racismo institucional nos debería enfurecer, indignar y sentirlo tan en nuestra piel como cuando salimos por otras violaciones sufridas por mujeres blancas y de clase media. Seguramente nos sabremos al dedillo los últimos tratados feministas de las más reconocidas académicas, pero sin empatía no vamos a cambiar esta sociedad patriarcal que tanto criticamos.


Con información de Diario de Vurgos

Opina que es gratis