Este viernes se reunió el denominado Grupo de Lima -un grupo de 14 países de América- para debatir, una vez más, la situación de Venezuela. Su conclusión final fue desconocer la legitimidad del nuevo mandato de Nicolás Maduro que se iniciará el próximo 10 de enero. 

La base del cuestionamiento es que la nueva presidencia del heredero de Chávez está bañada de irregularidades, partiendo por las elecciones sin oposición y convocadas por una Asamblea Constituyente más que sospechosa. 

La medida ha sido muy bien recibida por los detractores del mandatario, que aplauden cualquier decisión que ponga presión a Maduro y los suyos y que avance hacia la definición de “dictadura” de su gobierno.

Sin embargo, los más escépticos en Venezuela comienzan a preguntarse si esta determinación tendrá algún efecto práctico o es solo una más de las declaraciones bien intencionadas que han llenado la prensa durante los últimos años.

“El Grupo de Lima no reconocerá al gobierno venezolano de Nicolás Maduro que comienza sus funciones el 10 de enero, la opinión es una y muy clara de los integrantes del Grupo de Lima. Es una decisión muy clara que lanza una campanada de alerta a la comunidad internacional”, dijo Roberto Ampuero, canciller chileno respecto a la determinación.

Incluso, la OEA convocó a una reunión de urgencia el mismo 10 de enero para tratar “el tema Venezuela” y los miembros del Grupo de Lima aseguraron que no asistirán a la posesión del presidente. La idea es que aparezca solitario.

En la práctica, esta soledad ya se ha plasmado. Maduro solo ha salido de su país para visitar a sus socios como Rusia, Cuba y Turquía y su aparición en la posesión de Andrés Manuel López Obrador en México fue fugaz y abucheada.

Sin embargo -y muy a pesar de los países que lo cuestionan- Maduro sigue teniendo el poder en Venezuela, uno de los principales socios comerciales de países como Brasil ($1,28 miles de millones), Argentina ($706 Millones) y Colombia ($613 Millones), los tres principales impulsores de hacerle el feo a Maduro. 

Por otro lado, la crisis migratoria derivada de los problemas económicos y sociales de Venezuela ha fortalecido la conexión de países como Chile con Caracas y su gobierno, muy a pesar de las discrepancias.

La decisión del Grupo de Lima parece más simbólica que práctica y aunque no reconozcan la legitimidad y hayan pedido a Maduro no asumir su segundo mandato, en la práctica tendrán que seguir viendo la cara del mandatario. 

La verdadera presión sobre Maduro y los suyos la han puesto Estados Unidos y Europa con una serie de sanciones financieras y comerciales que han llevado al gobierno bolivariano a comerciar en oro o a crear artilugios sospechosos como el Petro, la criptodivisa que ninguna casa de cambio de monedas digitales quiere tranzar.

El Grupo de Lima está integrado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía.

Las acciones en contra del gobierno actual de venezuela por parte de este bloque de 14 países, comenzaron luego de que se declarase roto el orden constitucional una vez que  Maduro convocara  elecciones el 30 de julio de 2017 para una Asamblea Nacional Constituyente, sin la participación de la oposición y la cual sin previo aviso asumió las funciones de la legítima Asamblea Nacional.

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