El gobierno de Venezuela tiene todo en contra: una economía devastada, un éxodo que este año podría superar los cinco millones de personas y un creciente aislamiento regional graficado en una resolución de la OEA que  desconoció su segundo mandato. Pero nada de eso ha sido un freno para que Nicolás Maduro insista en su empeño en mantenerse en el poder, quizás hasta el año 2025.

Eso, al menos, es lo que espera el cuestionado gobierno bolivariano y tiene bastantes razones en desearlo: una salida -pacífica o no- del poder implicaría su inminente desfile por los tribunales de justicia locales e internacionales que muy probablemente terminaría con kilométricas condenas para la cúpula chavista.

Actores de relevancia global como la propia OEA, Estados Unidos y la Unión Europea, han desconocido el segundo mandato de Maduro. En el caso del organismo regional, ha exigido nuevas elecciones, ya que cuestiona los comicios de mayo pasado, cuando el Presidente venezolano se hizo reelegir con el 67,8% de los votos, pero con una participación del 46%. En la misma línea se ha manifestado el Grupo de Lima, con excepción de México.

A su vez, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció más restricciones para funcionarios venezolanos, mientras que la Unión Europe no solo ha solicitado comicios “libres y justos”, sino que advirtió que el inicio del nuevo mandato aleja aún más “la posibilidad de una solución constitucional negociada”.

Maduro asumió en la sede del Tribunal Supremo de Justicia, pues le quitó el poder a la Asamblea Nacional, en manos de la oposición. El antichavismo ha explorado todas las vías -protestas e intentos de negociación- pero no se vislumbra un diálogo para una “transición”, como pretenden.

¿Cómo se sale del laberinto de la Venezuela de Maduro? Para algunos analistas, todo va a depender de lo que haga primero la oposición en Venezuela, comenzando por la Asamblea Nacional y la postura que tomen ante el evidente conflicto y vacío de poder que existe desde el juramento y otras fuerzas fundamentales, como las ciudadanas y la comunidad internacional.

Algunos dirigentes de la oposición han llamado a los militares a pronunciarse. “Hacemos un llamado claro a las Fuerzas Armadas, a esa enorme mayoría de soldados y oficiales que portan con honor su uniforme y no se han dejado corromper (…) para que den un paso al frente. Se debe desconocer lo que no fue producto del voto popular”, señaló el presidente de la AN, Juan Guaidó.

Para otros, la oposición tiene que elevar al máximo el costo del statu quo y que sea incluso más costoso que negociar. Bajo esta línea el ingrediente principal de la transición radica en lo interno, en la articulación y disposición a la lucha por el cambio. Sin embargo, eso exige un liderazgo que hoy no hay y sin esa confianza es muy difícil mover a la población a una furia social. Así, la idea sería construir un escenario en el que al gobierno no le quede más remedio que negociar.

El sostén militar

Aislado internacionalmente, Maduro cuenta con apenas un puñado de aliados en la región, algo muy distinto a lo que ocurría con Hugo Chávez. De hecho, a la ceremonia en Caracas asistieron solo cuatro mandatarios: Evo Morales (Bolivia), Miguel Díaz-Canel (Cuba), Daniel Ortega (Nicaragua) y Salvador Sánchez Cerén (El Salvador). Eso, además de los “presidentes” de Abjasia y Osetia del Sur. El caso del salvadoreño es muy particular, porque a la misma hora en que Sánchez Cerén celebraba el juramento de Maduro en Caracas, en la OEA su país se abstuvo de condenarlo, en lugar de rechazar la resolución. “El mundo es más grande que Estados Unidos”, dijo Maduro.

Además de China y Rusia, Maduro ha podido continuar gracias al respaldo de la cúpula de las Fuerzas Armadas. La misma juramentación contó con una reafirmación de la “fidelidad” de los militares en palabras del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, a quien The Washington Post apuntó esta semana por supuestamente diferir sobre la continuidad del actual Presidente. Según esa versión, hace un mes, López le pidió la renuncia a Maduro. En el acto de ayer, el gobernante solicitó “profundizar la revolución” en las FF.AA.

Por eso, la negociación llega cuando a Maduro se le venga abajo el único sostén que tiene: el militar. Hay quienes piensan que la trinchera del gobierno se puede vencer sin violencia, donde los militares tienen la opción de hacer un pronunciamiento, para que el país se conduzca de otra manera.

Sobre la posibilidad de una intervención extranjera, la mayoría de los analistas coincide en que esa opción es remota. Y no solo por el afán democrático de los organismos regionales, sino porque en el territorio venezolano operan guerrilleros colombianos, milicias y colectivos.

Eso sí, tanto Donald Trump, el colombiano Iván Duque y Jair Bolsonaro, podrían endurecer su posición.

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