En Colombia la guerra nuca se fue. Eso lo saben hasta los más entusiastas del acuerdo de paz que el gobierno anterior firmó con la guerrilla de las Farc, el actor más importante del conflicto armado. Esto no quiere decir que los demás frentes de la guerra centenaria del país no tengan poder de fuego y mecanismos para mantener la violencia, como sucedió este jueves con el carrobomba que mató a 20 policías.

Todo apunta a que el responsable detrás del ataque es el Ejército de Liberación Nacional y el primer gesto del presidente Iván Duque en este sentido fue acabar con las negociaciones de paz que Colombia llevaba con esta guerrilla. Aunque las conversaciones se encontraban en un punto muerto, este atentado es sin duda alguna el final del proceso.

Seguramente lo que viene ahora será la reactivación de los operativos militares del ejército contra la guerrilla y una posible respuesta armada. 

En términos políticos, de confirmarse la autoría del atentado, el ELN habría cavado su tumba. En menos de una semana la guerrilla derribó un helicoptero de valores, secuestró a sus tripulantes, voló un oleoducto y asesinó a 20 policías: hechos imposibles de digerir para un país que acaba de elegir al vocero de Álvaro Uribe como presidente. 

Con el atentado volaron también la mesa de diálogo, cargando con el lastre de que fue por culpa de ellos, algo con lo que pusieron en entredicho el estatus político que les había servido para mantener el apoyo de la comunidad internacional y de la Iglesia Católica.

Encima, se convirtieron en el enemigo a vencer para el Gobierno y se ganaron el rechazo incluso entre sectores de la sociedad civil que respaldan la salida negociada.

El silencio otorga 

Pese al silencio del ELN más de 24 horas después del atentado ya hay claras varias cosas.

José Aldemar Rojas Rodríguez, alias ‘el Mocho’, identificado por la Fiscalía como el autor material del carrobomba, fue uno de los cabecillas del Frente Domingo Laín.

También se sabe de Rojas que era explosivista, que era instructor político del ELN desde el 94, que, según información entregada por desmovilizados, llevaba al menos 33 años en esa guerrilla, y que guardaba relación con células urbanas. 

Eso, sumado a que la camioneta que explotó con ‘el Mocho’ adentro había estado en Arauca (el departamento donde tiene su principal injerencia el Frente de Guerra Oriental), refuerza la idea de que las órdenes salieron de ese sector.

Además, la explosión se da dentro del marco de comportamiento de esta guerrilla desde que se sentó a negociar. 

El ELN funciona como un péndulo. Seguido de un acto de voluntad de paz, llega un acto militar. La pregunta existencial en el ELN es cómo mantener la unidad. En el péndulo esa estrategia de hacer ambas cosas los mantiene unidos.

Así, en los últimos dos años, el ELN ha mantenido su disposición al diálogo al tiempo que asesina colombianos. 

El 19 de febrero de 2017, cuando se cumplían dos semanas de instalada la mesa de negociaciones en Quito, una célula urbana estalló un explosivo en el barrio La Macarena contra una cuadrilla del Esmad. El atentado dejó 40 heridos y un policía fallecido. 

Una semana después, cuando ese grupo se atribuyó el atentado, en el comunicado hablaron de la “urgencia” del cese bilateral.

“Reiteramos al Gobierno Nacional la urgencia de un cese bilateral al fuego de manera inmediata, tal como lo solicitan diversas expresiones de la sociedad colombiana”.

Lo mismo sucedió en Barranquilla en enero del año pasado, cuando atacaron la Estación de San José y el CAI de Soledad 2000 con una bomba que dejó 47 heridos y seis policías muertos en momentos en que también salían de un cese unilateral. 

Al día siguiente el ELN reclamó la autoría del atentado y a renglón seguido en el comunicado dijo que insistiría en “una solución política al conflicto social y armado… en un diálogo de Paz que atienda las voces de los más necesitados y excluidos”.

Por ahora, el mismo patrón se está repitiendo con el atentado a la Escuela General Santander. 

Ocurrió dos semanas después de finalizado el cese al fuego unilateral que decretaron entre navidad y año nuevo, y luego de un balance en el que cuestionaron el asesinato de líderes sociales y acciones del Ejército contra sus campamentos durante su tregua. 

Como en ocasiones esa guerrilla ha esperado varios días para pronunciarse, aún falta ver las declaraciones que darán; pero ahora están frente a un panorama muy diferente al de Barranquilla, cuando las conversaciones sufrieron pero continuaron. 

Suicidio político

Aunque la mesa de negociación con el ELN la mayoría del tiempo agonizó, principalmente porque esa guerrilla jamás aceptó la condición de dejar de secuestrar y extorsionar, nunca como ahora había estado tanto en riesgo de acabar. 

El atentado a la Escuela General Santander tuvo un impacto mediático y en la sociedad muy fuerte por el número de muertos.

También porque fue en la capital y en una institución que -aunque es de la Fuerza Pública- está poblada por estudiantes desarmados, con lo cual se convirtió en la gasolina del discurso de la “mano de dura” en el país. 

Todo eso se volvió un tiro en el pie para la guerrilla.

El ELN no entendió y no leyó al país. Es un absurdo ese atentado porque los terminó de deslegitimar. 

Y es que el ELN tiene mucho que perder con el anuncio de Duque del fin de la mesa de negociación. 

Por una parte, porque sobre ellos terminó recayendo la responsabilidad de que la mesa hubiera llegado a su fin. 

El ELN no había querido levantarse de la mesa pese a que estaba estancada porque no quería cargar con ese lastre y menos con una estela de hechos violentos detrás. 

El otro efecto directo está en que se convirtió en el actor armado ilegal que el Gobierno está graduando de enemigo común del país.

Hasta ahora, Duque había tenido a ‘Guacho’ en la frontera sur, el surgimiento de las disidencias en varios puntos del país, la presencia de bandas criminales, y el ELN era solo uno más de los actores.   

Después del atentado, el ELN, aunque había ocupado titulares por ser el autor del secuestro a los tripulantes del helicóptero pasó a ser la gran amenaza.

¿Es la guerrilla del ELN responsable del atentado en Bogotá que mató a 21 policías?

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