La tierra natal de Yoko Ono fue el lugar que puso a Paul McCartney tras las rejas por el delito de posesión de marihuana.

Paul y su banda The Wings, tenían agendada una serie de conciertos en Tokio, del 21 de enero al 2 de febrero de 1980. Como era costumbre, viajó junto con su esposa Linda y sus cuatro hijos, ya que después de esta gira, tenían pensado pasar unos días de vacaciones en aquella ciudad, sin embargo, apenas pisaron territorio japonés, los planes cambiaron.

Al llegar al Aeropuerto Internacional Narita de Tokio, los agentes de la aduana revisaron la maleta de Paul McCartney y ahí comenzó la pesadilla: hallaron 219 gramos de marihuana.

Inmediatamente fue esposado e interrogado por los oficiales de control de narcóticos. Luego, fue trasladado a prisión convertido en el preso número 22. Su familia y los integrantes de The Wings se fueron al hotel a esperar la resolución del problema.

En el Ministerio de Justicia se discutía la posibilidad de una deportación inmediata para evitar el juicio en una corte local en donde la sentencia inevitable serían 7 años de prisión. Fue éste el momento en que el promotor japonés anunció oficialmente la cancelación de los 11 conciertos en el país que ya habían generado una venta de 100 mil boletos.

Este escándalo provocó que en los medios japoneses se prohibiera la música de The Wings, además de que algunos fans comenzaron a exponer sus teorías acerca de lo que había sucedido; evidentemente, no faltó quien señalara que Yoko Ono estaba detrás de todo esto. Este rumor se propagó, porque antes de volar a Tokio, Paul llamó a casa de John Lennon para intentar reencontrarse con él, pero la que tomó la llamada fue Yoko.

McCartney permaneció arrestado durante 10 días. El 25 de enero de 1980 fue puesto en libertad y deportado a Inglaterra.

Este capítulo en su vida fue superado, pero significó uno de los momentos más duros para su familia. Cuentan que al regresar a casa, Paul durmió dos días seguidos, pues estaba agotado tras su incómoda reclusión, pues en sus días de encierro temía que se le aplicara una pena severa, además del shock que le produjo el hecho de compartir la celda con reos peligrosos y de sentirse vulnerable por su condición de estrella de la música.

Pero sobre todo, Paul McCartney sufrió por la angustia de su familia, que estuvo encerrada en el Hotel Okura, y con la que no tuvo contacto alguno hasta varios días después de ser detenido. Pero Linda no se quedó con las manos cruzadas e hizo que su padre, Lee Eastman, se trasladara a Tokio, para que junto a un abogado local y las autoridades del consulado británico, lograran liberar a Paul.

Todo terminó bien para Paul, quien se dedicó a su etapa como solista, y regresó a Japón, pero 10 años después.

Con información de El País, TN.com y The Beatlespy

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