La ilusión de un gobierno socialista en España duró menos de un año: el previsible fracaso en la tramitación de los presupuestos de Pedro Sánchez en el Congreso empuja al país a unas elecciones generales en donde probablemente la derecha y la ultraderecha se encaramen en el gobierno.

Este resultado no es otra cosa que la realidad. El gobierno de Sánchez estaba pegado con saliva y al cabo de pocos meses (ocho, para ser exactos) sus alianzas imposibles terminaron por pasarle la factura. 

El rompecabezas es este: La derecha española se sustenta básicamente en un discurso vacío que defiende tópicos del nacionalismo como la unidad de España por sobre todas las cosas. Esto, en otras palabras, quiere decir que a los catalanes ni agua. Cualquiera que pretenda intentar un diálogo con el independentismo será acusado de traición a la patria, como acaba de hacer el líder del Partido Popular, Pablo Casado, con Pedro Sánchez.

Los independentistas catalanes, que dieron su apoyo a Sánchez para llegar a La Moncloa con una moción de censura contra Mariano Rajoy, no apoyan los presupuestos de Sánchez porque consideran que España sigue siendo España, no importa que la gobierne un socialista. Con el inicio del juicio a los líderes detrás del referendo de 2017, ningún político independentista está dispuesto a ceder algo al administrador de esa España.

Las encuestas recientes muestran una imagen vieja. España es un país de derecha. O al menos, el votante de derecha en España tiene las cosas claras: nada lo alimenta tanto como la idea de una concesión a los catalanes. A los votantes de izquierda nada parece unirlos y el tema Cataluña tiene una recepción agridulce.

Por otro lado, la izquierda -fiel a su tradición- se encuentra en medio de una tormenta interna, con Podemos, el referente de izquierda a la izquierda de los Socialistas, dividido y sus dos principales figuras se han quitado hasta el saludo.

Las proyecciones dan una mayoría absoluta a los tres partidos de la derecha, camuflados en apodos desde centro, centroderecha hasta liberales. Lo cierto es que el gran partido de derechas -el Partido Popular de Aznar y Rajoy- se quebró en tres facciones: Ciudadanos, una especie de movimiento pop de derecha sin crucifijo; Vox, la ultraderecha que dice sin vergüenza lo que los otros piensan pero no es políticamente correcto y el original Partido Popular.

Fracaso de los presupuestos

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, admitió que el Congreso le devolvería las cuentas públicas de 2019, aunque intentó lanzar una última advertencia a los independentistas: si hay elecciones, la alternativa en Moncloa puede ser un Gobierno de Pablo Casado con Ciudadanos y el apoyo de la extrema derecha de Vox. El Ejecutivo ya tiene preparado el relato para la campaña electoral y allana el camino para un anticipo inminente. 

“Todo indica que el independentismo votará en contra de unos Presupuestos sociales buenos para Catalunya, y la derecha votará en contra de unos Presupuestos sociales buenos para España”, admitió Montero en una primera intervención muy política en la que apenas gastó tiempo en desgranar las bondades de las cuentas.

Es una creencia compartida en el Gobierno y que incluso prefieren en las filas socialistas antes que aparecer de la mano de los independentistas a tres meses y medio de las elecciones autonómicas, municipales y europeas, visto el fracaso del diálogo de la semana pasada. La posición generalizada en el PSOE es que lo han intentado todo y que volver a la foto con los independentistas les pasa factura en las urnas. 

Montero no habló directamente del anticipo electoral al que sí apunta Moncloa. Es más, en una primera intervención advirtió a PP y a Ciudadanos de que el Ejecutivo “seguirá gobernando”. “Tendrá tiempo de recomponerse porque este Gobierno continuará mejorando la vida de los ciudadanos mientras pueda”, le dijo a Pablo Casado. 

Las elecciones podrían ser tan pronto como el 14 de abril. Los partidarios de esa fecha consideran que es un golpe de efecto frente al discurso que han hecho PP y Ciudadanos contra Sánchez, a quien acusan de amarrarse al sillón de la presidencia a cualquier precio. El 14 de abril es el primer domingo en el que se podrían fijar los comicios una vez tumbados los Presupuestos. El anticipo inminente les serviría, según las fuentes consultadas para capitalizar votos de Ciudadanos tras la foto de Albert Rivera con el PP y Vox este domingo en la manifestación. 

Las generales el 28 de abril cobran fuerza

La idea de convocar una votación el domingo que arranca la Semana Santa implicaría un riesgo para la movilización que buscan los socialistas entre sus bases para impedir la llegada de las tres derechas a Moncloa. Por eso, la fecha del 28 de abril cobra fuerza en el Gobierno y el partido. Aunque fijar ese día implica que el grueso de la campaña tenga lugar en plena Semana Santa. 

El Gobierno tiene un discurso preparado para esa competición: la fotografía de PP y Ciudadanos votando junto a los independentistas, y viceversa, para tumbar “los presupuestos más sociales” de la última década. “Unos y otros están impidiendo que este país avance”, dijo Montero durante el debate parlamentario.

“Ustedes se van a unir al bloque que está pidiendo el 155”, recriminó Montero a los independentistas. Los postconvergentes tendieron la mano en el hemiciclo al Gobierno para volver a la posición que tenían antes de que el Ejecutivo socialista le diese un ultimátum a la Generalitat para que las fuerzas independentistas retirasen sus enmiendas a la totalidad.

Aunque la ministra bajó el tono en su réplica a las fuerzas independentistas, los de Sánchez no están por la marcha atrás. “Cuando uno supedita la superación de la enmienda a la totalidad a poner el derecho a la autodeterminación como premisa al diálogo, sabían que ahí no nos iban a encontrar”, fue la respuesta de la ministra. 

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