A Nicolás Maduro no le gustó la entrevista que estaba teniendo frente al periodista mexicano Jorge Ramos y aunque esta hacía parte de una larga lista de encuentros con la prensa que ha tenido para dar su versión de la crisis y negar que su gobierno sea autoritario, terminó con el periodista retenido.

Ramos logró que Maduro lo recibiera en lo que se percibe como el punto más bajo de su gobierno bloqueado económicamente por no poder cobrar por el petróleo —su única fuente de divisas— y cercado diplomáticamente por decenas de países, entre ellos casi toda América y Europa, que reconocen al líder de la Asamblea Nacional Juan Guaidó como el presidente interino del país.

Mientras estas condiciones, paradójicamente impulsadas con fuerza por Trump, asfixian poco a poco a Maduro, su país vive una verdadera crisis política y humanitaria, en la que el episodio del sábado en la frontera —donde toneladas de alimentos y medicamentos resultaron incinerados el intentar cruzar desde Cúcuta hacia Ureña— no es más que la muestra de la degradación de la situación.

 

El cabreo 

Iniciando hacia las 7.00 p.m., fueron 17 minutos de entrevista en los que Ramos le lanzó duros interrogantes a Maduro. Inició, según el testimonio de Ramos a Univisión una vez pudo volver a su hotel, preguntándole cómo debía llamarlo. “Lo que yo le dije a Nicolás Maduro es que millones de venezolanos y muchos gobiernos del mundo no lo consideran como presidente legítimo sino que lo consideran como un dictador. Que el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, lo ha llamado un usurpador”, aseguró.

Para Ramos, a Maduro “no le gustaron las cosas que le estábamos preguntando sobre la falta de democracia en Venezuela, sobre la tortura, sobre los prisioneros políticos, sobre la crisis humanitaria que estaba viviendo”.

La gota que habría rebasado la copa del líder venezolano fue cuando Ramos le mostró en una tableta el video “de unos jóvenes comiendo de un camión de basura”. Maduro, previsiblemente molesto, cerró el video, se levantó y se marchó. Ramos le habría dicho que irse sin contestar las preguntas no lo hacían los presidentes sino los dictadores.


 

Sobre la grabación de los jóvenes comiendo de la basura, Ramos reveló que nunca fueron a buscar el video, sino que se encontraron con la situación el domingo, cuando se dirigían a un cubrimiento, y decidieron grabarla.

Inmediatamente el vicepresidente para la Comunicación y la Información, José Rodríguez, fue a decirles que la entrevista no estaba autorizada. Entonces, hombres de la seguridad presidencial les incautaron los equipos y el material grabado. “Nos confiscaron todo el equipo, no tenemos nada. La entrevista la tienen ellos, nos quitaron los celulares”, reportó Ramos.

Encerrados

Luego vendría lo que sería otro atropello: “Nos mantuvieron separados durante dos horas y media, interrogándonos. Nos metieron en un cuarto de seguridad, nos apagaron las luces. Se quedaron con muchas de nuestras cosas personales”. “Ellos creen que la entrevista es de ellos, no de nosotros. Nos están robando nuestro trabajo. Hay mucha gente que estuvo en esa entrevista y que sabe lo que ocurrió. Esto se va a dar a conocer con o sin video”, agregó el periodista.

Hacia las 9.30 p.m., Ramos y su equipo fueron sacados del palacio presidencial: “nos pusieron un camión, un pequeño autobús para llevarnos al hotel. Nos rehusamos a subirnos porque no sabíamos a dónde nos iban a llevar. Hasta localizar al equipo de transporte personal que nosotros tenemos aquí y con ese equipo de transporte nos vinimos hasta acá (el hotel)”.

Allí los esperaban hombres del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) que en la noche del lunes custodiaron el sitio de hospedaje, mientras se cumple la orden de deportarlos. En medio de su indignación, Ramos cree que lo que le ocurrió, siendo periodista extranjero, es solo una muestra de lo que puedenhacer con la prensa local. “No nos pueden dejar callados aquí. No quieren que el mundo sepa lo que pasa cuando su líder es cuestionado”, puntualizó.


Con información de Semana

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