Después de pasar  10 días por fuera del país y hacer una gira frente a gobiernos aliados, el líder opositor convocó a nuevas marchas para este martes y el sábado. El presidente encargado volvió a solicitar el respaldo de los militares y agradeció el apoyo internacional.


“Nos amenazaron a todos los que estamos aquí, a mí con cárcel, de muerte. No ha sido a través de la persecución, no será a través de la amenaza que nos van a detener. ¡Aquí estamos mucho más fuertes que nunca!”. Así el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, se dirigió este lunes a los cientos de venezolanos que llegaron a la plaza Alfredo Sadel, en el este de Caracas, para recibirlo tras su arribo al aeropuerto Maiquetía.

En un nuevo desafío a Nicolás Maduro -que le impuso una orden judicial que le prohibía salir del país-, pero esta vez con respaldo internacional tras su gira por cinco países de la región (Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina y Ecuador), Guaidó redobló su apuesta y elevó aún más las expectativas de cambio en Venezuela.

Maduro se vio en una encrucijada, entre un escenario malo y otro peor. Entonces quedó entrampado entre dejar entrar a Guaidó y devolverle el liderazgo que ahora está ejerciendo o apostar contra él en un escenario en que fuera detenido o se ejerciera algún tipo de violencia, lo que hubiera generado no solo condenas de la comunidad internacional, sino acciones concretas.

A pesar del intento fallido de entrega de ayuda humanitaria el 23 de febrero en Cúcuta y pese a que las FF.AA. no desertaron de manera masiva como él anunció y esperaba (hasta ahora Guaidó sostiene que se han rebelado 700 militares), el presidente encargado fue recibido por cientos de miles de venezolanos que cumplieron con su solicitud a través de las redes sociales. Guaidó, que incluso se dio tiempo para viralizar un video del reencuentro con su madre, calificó lo de este lunes como una “pequeña victoria”.

Durante su discurso, el dirigente opositor llamó a nuevas protestas para “redoblar” la presión contra Maduro. Por eso, este martes espera reunirse con los sindicatos de trabajadores públicos “para hacer importantes anuncios al país”, el mismo día del sexto aniversario de la muerte de Hugo Chávez, y también convocó a una movilización para el sábado.

“No nos quedaremos ni un segundo tranquilos hasta lograr la libertad”, dijo Guaidó en el escenario de la plaza en Caracas, en medio de banderas de Venezuela y gritos de “¡Si se puede!”.

La entrada de Guaidó era vital para sostener y alargar el momentum opositor, la esperanza de cambio y la consolidación de su liderazgo. Pero estar preso también era un problema crítico que podría destruir esperanzas y estructuración, especialmente si no estaba seguro de una explosión social significativa, implosión militar interna o invasión externa.

La apuesta de Guaidó era alta, porque Venezuela celebra (lunes y martes) los carnavales, por lo que en Venezuela es feriado. La idea era transmitir que pese a estos días de distracciones, la oposición salió nuevamente a la calle en señal de protesta. Eso sí, el lugar escogido para la manifestación era acotado, a diferencia de los otros puntos de las marchas anteriores.

Guaidó, además, exigió a los militares detener “a los colectivos armados chavistas” que según él “masacraron” a la comunidad indígena de los pemones el 23-F. En ese sentido, sostuvo que “el 80% (de los militares) está a favor del cambio”.

Según el propio Guaidó, en su retorno a Venezuela junto a su esposa y dos diputados de Voluntad Popular (VP), en un vuelo comercial de la aerolínea Copa desde Bogotá con escala en Panamá, no tuvo problemas para ingresar al país y lo hicieron como “ciudadanos libres”.

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