El gobierno venezolano ha sido aislado por una gran parte de la comunidad internacional, sin embargo, hay varias potencias que se mantienen a su lado: los acercan los negocios y las peleas diplomáticas con Donald Trump


Se sabe: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y las naciones que han rodeado al gobierno de Nicolás Maduro en su momento más crítico parecen aplicarlo a cabalidad. Tanto Rusia como China y Turquía han fortalecido su respaldo al presidente venezolano, no solo por intereses comerciales, también por las peleas diplomáticas que sostienen con el gobierno estadounidense, quien encabeza la lista de países que presionan a Maduro para dejar el poder. India ha sido el último país en sumarse a ese bloque de apoyo, repitiendo los elementos en común con los otros aliados, pero las sanciones estadounidenses parecen haberla espantado de continuar con su respaldo. ¿Qué tan sólidas son estas alianzas?

Pese al acorralamiento de los países de la región al gobierno de Venezuela, Maduro ha demostrado que cuenta con relaciones diplomáticas fuertes, que, aunque se encuentran lejos del continente, son fundamentales a la hora de decidir sobre un plan de acción en el país y le han dado tiempo al madurismo para no ahogarse definitivamente. Estas alianzas no son nuevas, pues fue el expresidente Hugo Chávez quien durante su gobierno se encargó de forjar relaciones extracontinentales, principalmente con China e Irán y más tarde con Rusia. Y con Turquía, cuando las relaciones con el gobierno iraní comenzaron a debilitarse.

El gobierno venezolano tiene una amplia y fluida relación con estos tres países que está fundamentada en los recursos naturales de Venezuela, pero también en una situación geoestratégica que venía trabajando la revolución bolivariana desde 2001.

Estos tres países tienen dos elementos comunes. El primero de ellos, y el más importante, es su relación con Estados Unidos, pues todos comparten problemas con el gobierno de Donald Trump, quien desde que está en el poder los ha llenado de represalias económicas en su juego geopolítico. Y el segundo son los intereses en la región, pues todos son países emergentes que buscan afianzarse en el mercado local, y Venezuela representa su gran canal para llegar a Suramérica.

La reciente aparición de India como aliado de Maduro no fue una sorpresa por ello. Desde hace años los dos gobiernos han fortalecido sus relaciones a nivel comercial. El crecimiento económico del país asiático sobrepasó el 7 % en la última década y por eso se ha convertido en una nación que requiere una inmensa cantidad de energía para continuar con su desarrollo. India se ha transformado en el tercer mayor importador de crudo en el mundo, y por ello el petróleo venezolano, que hoy sufre por las sanciones estadounidenses, le es muy apetecido por sus precios de oferta.

Dos semanas después de que Estados Unidos emitiera sanciones a la Empresa de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), el ministro del Poder Popular del Petróleo venezolano, Manuel Quevedo, viajó a Nueva Delhi para fortalecer las relaciones comerciales con India, para lo que les ofreció otras opciones de pago con el fin de evitar ser condenados por el gobierno de Trump. De esa manera, India se convirtió en marzo en el mayor comprador de crudo venezolano y prometió que sería el cliente de los 500.000 barriles diarios que Estados Unidos había dejado de comprar. Pero la relación entre India y Venezuela tenía otra cara. Desde febrero, las relaciones entre Nueva Delhi y Washington se han deteriorado. El gobierno estadounidense anunció que dejaría de darle un estatus preferencial a India como país en desarrollo, lo que le permitía al exportar millonarios bienes sin pagar impuestos. Tales malentendidos a nivel comercial pudieron llevar al acercamiento de India a Venezuela. Sin embargo, la renovada amistad duró poco.

Luego de que el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, advirtiera a India de no aumentar sus compras a Venezuela para no acarrear sanciones, la mayor empresa petrolera de ese país, y el cliente más grande de Pdvsa, aseguró que finalmente no aumentará sus compras, dejando de nuevo los barriles de crudo venezolano sin destino.

India ya había resistido antes las presiones del gobierno estadounidense sobre la compra de petróleo de Irán, con quien Estados Unidos también aplicó sanciones. La diferencia ahora es que Irán tiene una importancia geopolítica que Venezuela no tiene, pues representa para la India más que petróleo: es la ruta para llegar a Afganistán y Asia Central.

De fondo, el gobierno de India parece no preocuparse por el futuro de Maduro, pues sus aliados claves en América Latina son Brasil y México. El soporte de ese país a Venezuela depende de cuán importante sea el petróleo venezolano para el país asiático. En esto tiene que ver mucho el precio del crudo en el mercado, que por ahora es manejable para India, pues se encuentra a la baja. Ahora, si los precios suben, la India deberá comprarle a quien sea, y el trueque con Venezuela se volverá atractivo. Con el respaldo de la India a la baja, la pregunta es qué tan solidas son las otras relaciones de Maduro en el exterior.

China, otro de sus grandes aliados, ha demostrado con anterioridad que puede cambiar de bando fácilmente. El país aún no sabe qué lado elegir. Los chinos no se sorprenderían si apoyan al opositor Juan Guaidó. Durante la Primavera Árabe, China apoyó a Muamar el Gadafi hasta su caída. Cuando esta se dio, cambió de bando y a nadie le importó. La principal preocupación de los chinos es la deuda que tiene Maduro con ellos, que según analistas llegó hasta los US$50.000 millones, y de la que según pronósticos quedan US$16.000 millones por pagar. Guaidó ya intentó dispersar esa angustia afirmando que el gobierno que llegue actuará con respeto de las leyes y sus deberes internacionales, incluyendo las deudas.

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