El presidente peruano Alejandro Toledo acaba de ser detenido y no por lo que la justicia de su país lo requiere: autoridades gringas lo retuvieron por estar borracho y hacer un escándalo en un restaurante del condado de San Mateo, cerca de San Francisco. 

La foto del “cholo” recorrió la prensa latina como una curiosidad. Sin embargo, la eterna borrachera del ex presidente es vox pópuli en su país. Periodistas que cubrían presidencia cuchicheaban que las conferencias de prensa matinales estaban aderezadas por e tufo del autoproclamado primer presidente indígena de Perú y sus desayunos con whisky. 

Dentro del mundo político peruano se decía que establecer una comunicación con Toledo era prácticamente imposible debido a su constante borrachera. Se decía que el verdadero presidente era el Primer Ministro: cargo ejercido inicialmente por Roberto Dañino y posteriormente por Luis Solari. 

El arresto de esta semana fue negado por Toledo con la capa que un buen político sabe usar en caso de ser descubierto: “un complot” en su contra. La versión demagoga del amante infraganti que aplica el “me hackearon”. 

“Yo estoy aquí trabajando en mi oficina. No quiero alimentar lo que han hecho en el Perú”, le dijo Toledo al teléfono a una cadena de noticias internacional sin desmentir la detención, tal y como confirmó la Cancillería peruana.

La información que dio la cancillería de su país es esta: Toledo, quien gobernó entre 2001 y 2006, había sido arrestado y puesto en custodia por las autoridades californianas por encontrarse en estado de embriaguez en un restaurante.

El Gobierno peruano indicó que Toledo fue liberado a las 10:30 de la mañana hora de la costa oeste, debido a que el comportamiento del exmandatario constituye tan solo “una falta” según la legislación del estado.

Así se puso fin a un cruce de informaciones y desmentidos tanto del expresidente como de sus abogados, que negaron en reiteradas ocasiones que hubiera sido detenido, hubiera tenido “algún incidente” con la policía y afirmaron que las informaciones de su detención eran dichos “no corroborados”.

“Esas son especulaciones. [Le pregunté] si había sido detenido y me dijo que estaba en su casa, que no ha sido notificado de nada y que no ha tenido ningún percance”, afirmó en declaraciones al Canal N de la televisión peruana su abogado, Roberto Su, apenas minutos antes de que Cancillería enviara su comunicado.

La otra causa pendiente

La detención de Toledo no tuvo relación con el proceso de extradición en curso que se sigue en su contra, un largo trámite que arrancó en febrero de 2017, cuando se supo que testigos de la empresa Odebrecht confesaron haber pagado 20 millones de dólares a Toledo cuando aún era presidente para obtener concursos públicos.

El escándalo estalló cuando Pedro Pablo Kuczynski, quien fuera primer ministro y ministro de Economía bajo Toledo, ocupaba la Presidencia de Perú.

Toledo siempre ha negado vínculos con la corrupción y afirmó en diversas ocasiones que todo es un ataque de sus enemigos políticos, si bien otras confesiones, como la de su supuesto testaferro y antiguo amigo, el israelí Josef Maiman, parecen confirmar lo dicho por los directivos de Odebrecht.

El pasado 31 de enero se confirmó finalmente que el Departamento de Justicia de Estados Unidos está revisando el pedido de extradición solicitado por Perú por los presuntos delitos de lavado de activos, colusión y tráfico de influencias en agravio del Estado peruano.

Este mes de febrero, la Fiscalía de Perú anunció que llegó a un acuerdo de colaboración eficaz (delación premiada) con Maiman, quien habría reconocido haber ayudado a Toledo a recibir los pagos de Odebrecht y blanquear el dinero a través de paraísos fiscales.

Esta no es tampoco la primera vez que Toledo es sorprendido en medio de fuertes polémicas, como cuando denunció que en 1998 había sido secuestrado para tratar de explicar unas fotos en las que aparecía en una fiesta con alcohol, mujeres y drogas en un hostal de Lima.

También, en diversas ocasiones durante la campaña electoral de 2001, se negó a reconocer a su hija Zaraí, fruto de una relación extramatrimonial, lo que finalmente hizo siendo presidente, tras acceder a realizar una prueba de ADN.

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