Pasados los capítulos del ingreso fallido de la ayuda humanitaria y del retorno de Juan Guaidó al país sin que Nicolás Maduro pudiera hacer absolutamente nada para detenerlo, el nuevo round entre los dos sectores en pugna ya fue anunciado.

Y anunciadas, de antemano, las estrategias. Juan Guaidó está dispuesto a conducir una gran manifestación al Palacio de Miraflores. Quiere buscar su oficina, ha dicho. Nicolás Maduro y Diosdado Cabello -al unísono- ya han respondido. El primero recordando el poder de fuego. Y el segundo retando. En esta ocasión, la cúpula del poder venezolano no jugará al “dejar hacer, dejar pasar”.

La estrategia del chavo-madurismo ha sido clara. El 23 de febrero aceptaron el reto y jugaron a impedir la entrada de la ayuda humanitaria sin importar muertos o heridos. En el retorno de Juan Guaidó, Maduro se replegó y prefirió no detener al presidente de la Asamblea Nacional, tanto por razones de debilidad como por razones de estrategia. Debilidad porque el liderazgo de Guaidó lo ha obligado a una política más reactiva que proactiva. Y de estrategia, porque Maduro se decantó por la opción de jugar al desgaste. No existe Guaidó, dijo Maduro. Lo mismo dijo Cabello. 

El discurso del presidente encargado apunta, en esencia, a retar otra vez a Mauro pero en un terreno altamente peligroso: la calle. En ese entonces, Guaidó utilizó estas palabras: “Toma de Caracas” y “reconquistar espacios”, un anticipo de lo que diría luego: quiere ir a buscar su oficina al Palacio de Miraflores. Ese mismo día, Maduro respondió en estos términos:

“¿Ustedes creen que pueden llegar al Palacio de Miraflores a asaltarlo? ¿Y qué va a pasar con el inmenso poder popular del chavismo? ¿Qué va a pasar con la gigantesca fuerza militar que tenemos los chavistas? ¿Se han imaginado la respuesta? ¿Se han imaginado la profundidad del contrataque chavista?”

Este fin de semana, Guaidó fue más directo: convocó a una marcha hasta el Palacio de Miraflores. Y Diosdado Cabello reaccionó:

“La oposición está amenazado con que se van a ir a Miraflores. En Monagas hay un pueblo que se llama Miraflores, pero para allá tampoco van. ¿Nosotros vamos a dejar que el Palacio de Miraflores sea otra vez de la oligarquía? De ahí se fueron y no volverán a entrar más nunca (…) Nosotros se los dijimos. De ahí saldrían peor de como llegaron. Se van a ir con el rabo entre las piernas de la pela que le va a dar el pueblo de Venezuela”.

La lectura es simple: que el chavo-madurismo está más que dispuesto a usar las armas en contra de la población civil que eventualmente pudiera manifestar hacia el Palacio de Miraflores. De allí que Maduro, en días pasados, hubiera llamado agónicamente a los colectivos a la resistencia activa, pues todos los elementos apuntan a que se está quedando solo. No desalojado del poder. Pero solo.

De manera tal que Maduro le ha aceptado el reto a Guaidó. Y la batalla será por la toma del Palacio de Miraflores.

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