Alan García fue un truhán. O al menos eso quería demostrar la justicia peruana cuando el ex presidente agarró un revolver y se pegó un tiro en la sien.

La última vez que la justicia de su país lo quiso perseguir, 30 años atrás, García no tenía un revolver a mano. Tan solo un billete de avión que lo llevó a Colombia donde vivió prófugo -exiliado, dirán los apristas- hasta que el zafarrancho de la caída de Alberto Fujimori generó un relajo que le permitió regresar. 

Pero entonces y ahora, su inocencia no se demostró. Su culpabilidad tampoco, pero en el caso de un hombre que no pudo demostrar el origen de su fortuna, el principio de inocencia rige a la inversa. Así García murió delincuente sin demostrar lo contrario.

En ese primer gobierno, al que llegó a los 36 años y se convirtió en el infante terrible de la política peruana, quedaron cientos de huecos. Así, se dice que si el Estadio Nacional costó un millón, pero en las planillas figura que costó dos millones ¿Quién se robó el otro millón?

En los hospitales del Cuzco, inaugurados solamente por tener fachada y nada adentro; la Universidad “Municipal” que fue inaugurada y no existe hasta la fecha; el Banco de Materiales dio préstamo por un valor de Cien Millones a los apristas, y luego se perdieron los expedientes y ahora no se sabe a quién cobrar;  nombramiento de Vocales corruptos en la Corte Suprema, y que hoy ya se preparan para defender y declarar “inocente” a García en caso de que fuera denunciado.

La detención preliminar contra García se ordenó por el supuesto cobro de sobornos a Odebrecht durante su segundo gobierno, entre 2006 y 2011. Se investiga los sobornos pagados durante la gestión de García por la construcción de una línea del Metro de Lima, por la cual funcionarios de Odebrecht han confesado haber pagado 24 millones de dólares en sobornos, y por la construcción de una ruta que une Brasil con la costa peruana, licitación obtenida luego del pago de una coima de 20 millones de dólares al ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) y que fue ejecutada durante la administración de García, período en el cual el precio de la construcción se duplicó.

En los últimos días se conoció, por documentos entregados por Odebrecht en el marco de un acuerdo de colaboración con la Justicia, que el secretario de García cuando éste era presidente, Luis Nava, quien también fue su ministro, habría recibido 4,5 millones de dólares de Odebrecht. Nava recibió ese dinero cuando era secretario del entonces presidente, cargo desde el cual no tenía ninguna función ni poder directo sobre las obras concedidas a Odebrecht, por las cuales la empresa pagó sobornos para ganar las licitaciones y sobrevalorar dichas obras. Su único poder era su cercanía al presidente. La fiscalía tenía la hipótesis que Nava era en realidad un testaferro e investigaba a García como el posible receptor final de esos sobornos. No era la única investigación judicial contra el fallecido ex presidente.

Documentos de Odebrecht han permitido encontrar un pago oculto de la empresa a García por 100 mil dólares y justificados como retribución a una conferencia del ex presidente. También se investiga el supuesto financiamiento ilegal con 200 mil dólares de la constructora a su campaña electoral.

Junto con la orden de detención a García, se ordenó el arresto de otras ocho personas, entre ellas el secretario Nava y un ministro del gobierno de García.

Cuando en noviembre pasado se dispuso su prohibición de salida del país, García intentó eludir las investigaciones judiciales pidiendo asilo en la embajada de Uruguay, el cual le fue negado. Esta vez, tal vez sintiéndose ya sin salida, optó por el suicidio.

En un mes, Alan García iba a cumplir 70 años. Su primer gobierno estuvo marcado por la hiperinflación, escándalos de corrupción, el crecimiento de la violencia política interna y violaciones a los derechos humanos en el marco del combate a la subversión armada. Acusado de corrupción al terminar su gestión, fugó del país. Regresó en 2001 luego que los cargos en su contra prescribieron y en 2006 se convirtió en presidente por segunda vez. En su segundo gobierno dio un radical giro a la derecha. Esta segunda gestión también estuvo marcada por denuncias de corrupción. En eso no hubo cambios con su primer gobierno. Con muy buenos contactos en el sistema de justicia, tenía fama de intocable. Pero su suerte había comenzado a cambiar con el estallido del escándalo Odebrecht que lo tocó directamente.   

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