Aman las mujeres a los perdedores, pero sólo cuando no lo son definitivos.

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Cuando estoy solo siento hacia muchas personas un agradecimiento que sería incapaz de sentir en su presencia.

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Para salvarse, infligirse otro dolor.

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Cuatro horas de insomnio – botín: dos breves frases; luego un agradable y negro cansancio (como si el insomnio fuera dando la vuelta a las momentáneas opresiones, hasta que cada una de ellas, “cansada”, vuelve a encontrar un nuevo y silencioso lugar en la conciencia: un insomnio saludable).

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Toda descripción del interior de otra persona me parece una calumnia. No tiene necesariamente que ser falsa, pero es una calumnia.

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Voy perdiendo la familiar sensación de la simultaneidad de muchas otras vidas y acontecimientos, frecuente origen de tantas solidaridades, mientras estoy solo en un cuarto, p.ej.; cada vez más aislado y a merced de mí mismo.

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Dulzura: la energía hecha conciencia.

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Dejar que caiga todo; echarse luego al suelo (dejar caer, sucesivamente, todo lo que se tiene en las manos –un suspiro de alivio luego)

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Estiraron encima de mí la sábana sobre la cual estaba acostado

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Después de una larga “indescriptibilidad” por fin conseguí volver a percibir mis pensamientos (anotar lo más mínimo enseguida, para saber qué es lo que me ha calmado)

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Necesito algo que se pueda leer palabra por palabra y no éstas oraciones que uno reconoce a primera vista y se salta, ¡como pasa casi siempre con los diarios y lamentablemente también con los libros! Añoranza de Las afinidades electivas.

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Opone resistencia con su ánimo ausente

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Se acomoda en el asiento y empieza a mirar fijamente al vacío. La mujer: “¡No te pongas otra vez a pensar en mi presencia!”

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Algo peor aún que el miedo a lo desconocido: el miedo, de improviso, a un conocido

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