El pasado 7 de junio, EE.UU. y México llegaron a un acuerdo para frenar el amago del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles del 5 % a todos los productos mexicanos, que incluso alcanzaría el 25% si el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador no detenía el flujo de migrantes.

A pesar del acuerdo alcanzado, la situación parece endeble para México, ante las apetencias de un Trump cada vez más reactivo, que busca posicionarse con ventaja en las próximas elecciones presidenciales en EE.UU. para lograr su segundo mandato.

El acuerdo, aunque celebrado, también ha levantado suspicacias en la nación latinoamericana por dudas de lo negociado y los dichos del inquilino de la Casa Blanca, quien esta mañana sugirió que se había pactado algo “muy importante”, que será revelado en “un futuro no muy lejano”, y que necesitará de la aprobación del legislativo mexicano. De inmediato, el propio López Obrador y su canciller, Marcelo Ebrard, explicaron que no implica la compra de granos a EE.UU., como se especuló, sino a la búsqueda de distribución de asilo junto a organismos internacionales, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En lo que hay coincidencia, casi a nivel generalizado, es que es el acuerdo da un respiro a los mexicanos.

Es importante no caer en escenarios alarmistas, pero tampoco hay que celebrar este acuerdo. Es beneficioso en el corto plazo, pero está sujeto a revisión, y cuando en una negociación está de por medio Trump, la incertidumbre y los caprichos pueden surgir en cualquier momento.

Los resultados en estrategia migratoria de México y EE.UU. se evaluarán en 45 días, mientras que López Obrador le pidió a su homólogo estadounidense un plazo de 90 días para tomar cualquier decisión si no funciona. Así, el futuro de la nación latinoamericana es visto por políticos y analistas mexicanos como un ‘rehén’ de Trump, que puede jugar con él como moneda de cambio en tiempos electorales.

“Quiero también aclarar que hablé por teléfono con el presidente Trump y, aun cuando la evaluación comienza en 45 días, yo propuse, y así está en el acuerdo, que cualquier decisión que se tome, se haga en un plazo de 90 días. Esto es importante y es demostrar que se puede atemperar el flujo migratorio sin el uso de la fuerza, respetando los derechos humanos con programas de apoyo a la producción y al empleo para que la gente no se vea obligada a emigrar”, dijo el primer mandatario mexicano.

Para algunos, México cedió ante el chantaje de Trump sin garantizar que no haya nuevos peligros. La amenaza sigue allí, México está ahora bajo la supervisión de un Gobierno extranjero para que diga si está  haciendo bien las cosas o no, es muy delicada la situación. Finalmente, México cedió en todo a este chantaje que era inaceptable de entrada, ¿por qué amenaza Trump en el aspecto comercial cuando lo que quiere que se solucione es lo migratorio?

Aún dentro del mismo partido oficialista, Morena, se llama a la cautela. Una de las voces más destacadas de la fuerza política que llevó a López Obrador a la presidencia, Ricardo Monreal, quien preside la Junta de Coordinación Política del Senado mexicano, dijo que no había que celebrar demasiado, pues México vivirá 18 meses, “hasta que sea la elección, de permanentes y constantes embestidas tuiteras” de Trump.

“Yo he dicho que tengamos cuidado, porque vamos a estar sometidos a las presiones, dado que hay campaña electoral en Estados Unidos y van a intentar tomarnos como ‘sparring‘ para dar mensajes a sus votantes, tanto cautivos como inseguros”, planteó el líder del partido Morena en la cámara alta.

Trump informó este lunes que su país y México habían rubricado “otra parte del acuerdo de inmigración y seguridad” alcanzado la semana pasada, lo que sería revelado en breve. “Hemos firmado y documentado completamente otra parte muy importante del acuerdo de Inmigración y Seguridad con México, una que Estados Unidos ha estado buscando durante muchos años”, escribió Trump en su cuenta de Twitter, y aseguró que el nuevo pacto necesitará de la aprobación del legislativo mexicano. No obstante, advirtió que, en caso de rechazarlo, Washington “restablecerá” los aranceles.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicano, Marcelo Ebrard, negó que hubiera un acuerdo secreto, como sugirió Donald Trump, y desmintió que se hubiera pactado la compra de productos agrícolas a su vecino del norte, como se ha especulado.

“No hay ningún acuerdo de ninguna especie que no se haya dado a conocer; todo esto que estoy diciendo se dio a conocer desde el viernes, solo que lo estoy detallando. Pero eso es lo que acordamos; es decir, es un acuerdo migratorio, lo comercial no está en este documento”, apuntó el encargado de la política exterior de México.

Sin embargo, la demanda de hacer pública la totalidad del contenido viene por muchos frentes. La senadora de oposición Verónica Delgadillo, del partido Movimiento Ciudadano, llamó a hacer públicos los “acuerdos” que implican el voto del Congreso mexicano. “Más allá de que estos solo sean mensajes para posicionarse con sus audiencias o información verdadera, llama la atención el estruendoso silencio del Gobierno de México y los responsables de estas negociaciones”, fijó en un punto de acuerdo.

De confirmarse en los próximos días la compra de productos agrícolas a Estados Unidos, México estaría en una situación de sumisión histórica en términos de política exterior.

La compra de productos agrícolas gringos por parte de México es crucial para Trump, sin embargo, aún no se pueden determinar los alcances comerciales del acuerdo, sobre los cuales no se tienen ni números ni estimaciones. Las autoridades mexicanas no han desacreditado estos dichos de Donald Trump, pero tampoco los afirman.

El acuerdo contempla el despliegue del 6.000 elementos de la Guardia Nacional en la frontera sur de México, que trabajarán en coordinación con el Instituto Nacional de Migración para registrar a los migrantes que busquen cruzar el país con intención de llegar a EE.UU.

Este despliegue también preocupa en el sentido inédito de la militarización de la frontera sur de México. Se había tenido el cuidado de que los guardias fronterizos hicieran medidas de contención sin aplicación de la fuerza, ahora tendremos una frontera que va a estar resguardada por la Guardia Nacional y preocupa, como hemos visto cuando el Ejército hace labores de Policía en el país.

No obstante, el Gobierno mexicano manifestó que no busca “criminalizar a los migrantes”, sino levantar un registro. “México no puede permitir que haya un flujo de millón y medio de personas sin saber cómo se llaman”, subrayó el canciller mexicano este lunes.

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