Ni Mauricio Macri ni Cristina Fernández de Kirchner, los dos opuestos que hoy capturan toda la atención política de Argentina, tenían apoyo suficiente para ganar solos. Su debilidad -en el primer caso por la crisis económica y en el segundo por las causas judiciales por corrupción- ha provocado alianzas impensables meses atrás. Primero sorprendió Fernández de Kirchner al anunciar que se postulaba como vicepresidenta de Alberto Fernández, que pasó de ser su ex jefe de Gabinete a uno de sus mayores críticos antes de la reconciliación. Ayer, golpeó el tablero Macri al elegir como segundo al peronista Miguel Ángel Pichetto, espada del kirchnerismo en el Senado antes de alejarse hacia un peronismo moderado.

En resumen, se está comenzando a imponer el pragmatismo sobre posiciones ideológicas más rígidas.

Es por esto que el anuncio del respaldo del líder del Frente Renovador, Sergio Massa a la candidatura de Alberto Fernández, no sorprende.

“Queremos devolverle la esperanza a los argentinos para que no queden de rodillas ante los acreedores y el FMI. Acordamos hoy tres puntos: un programa de Gobierno, sostener una coalición de partidos y resolver nuestras diferencias de forma democrática”, indicó Massa en una rueda de prensa tras reunirse con Alberto Fernández.

Acá la lógica es ganar el centro político, por lo que los dos grandes bloques asfixian a la tercera vía y ponen en evidencia la fortaleza del peronismo. La grieta que ha marcado la política argentina en la última década acerca sus polos. Los dos espacios, en vistas de que no se terminaban de consolidar, se corren un poco al centro. Así como Cristina con Alberto dice ‘no somos tan anormales’, Macri con Pichetto dice ‘no somos tan ingenuos’ y hacemos lo que hay que hacer para ganar.

Después de meses de polarizar la discusión política entre peronismo y no peronismo, Macri ha aceptado hacer una concesión y pactar con Pichetto, que si bien defendió las posiciones del kirchnerismo durante 13 años, representa al ala más conservadora del peronismo. El veterano senador garantiza gobernabilidad en un potencial segundo mandato.

Macri solo, encerrado en sí mismo sin mayoría en las cámaras, no podría, de ganar, discutir importantes reformas como la fiscal y la tributaria.

Tal y como se conformaron las fórmulas lo que sigue en pie es la vigencia del peronismo. De cuatro nombres, tres son peronistas y faltan otros protagonistas que también lo son, como Juan Schiaretti, Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. La falta de alternativas, además, reduce las posibilidades de que Macri pierda al votante más antiperonista. Para tratar de justificarse, muchos van a decir que antes que a Cristina votan a Macri, que prefieren un peronista que parece republicano que un kirchnerista.

Lavagna y Urtubey concurrirán juntos a las elecciones, como candidatos a presidente y vicepresidente. Su fórmula parece hoy minoritaria, pero será clave en caso de un virtual empate entre Macri y el kirchnerismo en primera vuelta. Más determinante, sin embargo, será la economía. Una parte importante del electorado va a votar por razones económicas, lo que plantea un gran desafío para el Gobierno porque hay un gran descontento. Por eso se tomaron medidas que intentan incentivar el consumo y ver si se recupera así la intención de voto.

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