El director de este documental publicó un anuncio en un periódico de Teherán invitando a la gente a participar en su último proyecto. Miles de personas respondieron a su reclamo y desencadenaron el alarmante aluvión con el que comienza El cine Salaam. Makhmalbaf se dedicó acto seguido a grabar las “audiciones” de muchos de aquellos espontáneos. Las supuestas “pruebas de pantalla” constituyeron el material de una película cargada de tensión en la que el director provoca e intimida con frecuencia a sus aspirantes a actores, instándoles a llorar, ordenándoles que canten o que simulen una muerte melodramática, o sencillamente haciéndoles hablar de sus vidas.

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