Los 15,57 puntos que le sacó la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández al dúo Mauricio Macri–Miguel Pichetto en el escrutinio del domingo, serían hoy, como mínimo, 19 puntos. Pero si se realiza un reparto de los que aún están indecisos, la diferencia a favor del binomio peronista del Frente de Todos treparía a 20,4 puntos, llegando a más del 53 por ciento de los votos. En la Casa Rosada alientan a sus seguidores diciendo que todavía se puede dar vuelta la elección, pero en verdad enfrentan un cuadro todavía más adverso que el que se reflejó en la demoledora victoria de la oposición del domingo, por cuanto los números exhiben que –al menos hasta ahora– la diferencia se agrandó.

La tendencia no sólo se refleja en la intención de voto sino también en la imagen positiva de Alberto Fernández y alguna baja en la evaluación de Macri, aunque el núcleo duro del Presidente parece estable.

Las conclusiones surgen de la encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) para el diario Página 12. En total se entrevistaron 1.800 personas por el sistema llamado CATI, Computer-Assisted Telephones Interviewing, que consiste en que una computadora realiza los llamados, pero la encuesta la hace un operador dialogando con el entrevistado. Permite un mejor abordaje y mayor precisión en algunos de los datos.
Esta encuestadora realizó mediciones presenciales para la campaña de Alberto Fernández y pronosticaron diferencias de alrededor de diez puntos en las PASO. Los sondeos no se publicaron en las últimas semanas anteriores al 11 de agosto porque la idea era no alentar triunfalismos. Uno de los problemas más serios que tienen las encuestas telefónicas es que se realizan a través de teléfonos fijos, lo que implica que se llega poco a los sectores más humildes –que ya no tienen teléfono fijo– y a los jóvenes, muy resistentes a atender. Los consultores igual tienen factores de corrección, pero la precisión de la encuesta ya depende de la habilidad del encuestador.

Cómo era esperable, las cosas evolucionaron en forma desfavorable para el oficialismo. En primer lugar, por el impacto de los resultados del domingo. Pero también empeoró el cuadro de situación el caos económico, la sensación de desgobierno y los desafortunados discursos del presidente, sus ministros y los dirigentes de Juntos por el Cambio.

En la propia elección, la clave estuvo en la economía . El votante consideró necesario cambiar la orientación económica. La cosa no daba para más. Y es lógico: ya vimos en encuestas anteriores a la elección, que los principales temores de los argentinos eran la inflación, los ingresos que no alcanzaban para llegar a fin de mes y la amenaza de perder el empleo. Esto no cambió en esta semana y sigue presente de cara a las generales de octubre. Por eso, todo tiende por ahora a desmejorar para el actual oficialismo.

Por supuesto que Juntos por el Cambio necesita retomar el rumbo y crecer cuanto antes para recortar la enorme distancia de los cómputos del domingo pasado. Con la encuesta del CEOP a la vista, la empresa parece difícil. Sólo un 35,2 por ciento opina bien o muy bien de Macri, lo que significa una especie de techo a su crecimiento: es muy difícil que alguien consiga votos de quienes opinan mal o muy mal, que en este caso es nada menos que el 62,8 por ciento. Y a eso se suma que los números del gobierno en sí mismo son aún peores: sólo el treinta por ciento tiene confianza en el Ejecutivo y la aprobación incluso está debajo de ese porcentaje.

La imagen positiva de Macri disminuyó algo más de tres puntos; también se fue para abajo la aprobación de su equipo de gobierno; la confianza en lo actuado por el Ejecutivo también bajó un par de puntos. No son indicadores alentadores: le fijan un tope que predice, al menos hasta el momento, problemas de crecimiento (y hasta cierta tendencia a la baja) en el potencial caudal de votos.

Por ahora, tampoco aparecen las expectativas. Sólo el 27,9 por ciento de los entrevistados cree que las cosas pueden mejorar de aquí a fin de año, frente a un abrumador 64,4 que piensa que la situación va a empeorar.

Por supuesto que nada se puede descartar en el terreno electoral, pero los datos del CEOP indican que la distancia entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio tiende a aumentar, no a disminuir. La diferencia de 3.800.000 votos ni siquiera puede ser remontada por votantes que no se hayan hecho presentes en agosto y sí vayan a las urnas en octubre. El macrismo se ilusiona con dos millones de ciudadanos, nuevos votantes. Con los 11 millones de sufragios del domingo, igual FF llegaría al 45 por ciento. De manera que la alternativa sólo pasa por hacerle perder votos a la coalición opositora, o sea tratar de dividirla de algún modo. Parece más que difícil, en especial después de todo el armado que logró Alberto Fernández en arduas negociaciones (ver aparte).

Los datos del CEOP muestran, además, el crecimiento de la propia figura de Alberto F. Tras la victoria del domingo, la serenidad en las respuestas y la amplitud de la coalición opositora, el candidato presidencial trepó diez puntos en la imagen positiva llegando a 51 por ciento y bajó nueve puntos en la imagen negativa, quedando en 38. Superó a cualquier otro político.

Por lo visto si esta tendencia de la primera foto se convierte en película, el proceso terminará favoreciendo a la fórmula Fernández-Fernández. En esta primera semana, los votantes de FF mantienen la máxima fidelidad y se agregan apoyos que vienen de las fuerzas más chicas. Por ejemplo, dicen que van a votar a FF el 12 por ciento de los que apoyaron a Roberto Lavagna. O sea, la tendencia es al crecimiento.

En cambio la fórmula Macri-Pichetto no ha tenido un buen arranque y se expone a una ecuación de suma cero entre pérdidas y ganancias: no logran retener a uno de cada diez de sus votantes de las primarias, aunque compensan incorporando a una proporción similar. Si no logran cambiar esta dinámica del voto, su suerte estará echada, y la diferencia en su contra muy probablemente termine con valores mayores.

El fin de semana largo tal vez amortigüe algo las sensaciones, pero arranca con la renuncia del ministro de Economía, Nicolás Dujovne, y con enormes ruidos de choques dentro de Cambiemos. El escenario de fondo es la gravísima crisis económica, el aumento de todos los precios y la impresión de que el presidente sigue en clave de campaña electoral, más lejos que nunca de la vida cotidiana de los argentinos.

Opina que es gratis