Días atrás, el presidente argentino Mauricio Macri encabezó una nueva marcha del “Sí se puede” en Mendoza. En medio de su discurso, y al leer un cartel del público, aseguró: “Las dos vidas por supuesto, todo con Dios, que nos da la fuerza todos los días”. Confirmaba así que está en contra del aborto. Macri fue quien en febrero de 2018 habilitó que el debate se diera en el Congreso, y de esta manera el proyecto de la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito pudiera llegar al recinto tras seis intentos fallidos. Ese gesto hizo pensar que podía estar de acuerdo con el derecho que reclaman las mujeres, pero el presidente nunca fue claro en su postura, prefirió una ambigüedad lindante a la indiferencia. Ahora, en sus últimos actos de campaña por la reelección, Macri lo dejó claro: quiere el voto de los pañuelos celestes.

El documental Reversing Roe (sobre el caso Roe, con el cual la Suprema Corte de los Estados Unidos legalizó este derecho en 1973) trata sobre la avanzada evangélica y conservadora que busca prohibir el aborto legal. Se lo ve a Ronald Reagan en 1967, cuando era gobernador de California y firmó un proyecto de ley que permitía el aborto en ciertas circunstancias. También a George Bush, cuando se opuso a una enmienda constitucional que prohibía el aborto en 1980. Y se escucha a Donald Trump hablando del “derecho a decidir”. Luego, todos se opusieron al aborto para obtener el apoyo de millones de votantes evangélicos. “El aborto no era un tema partidista, era un problema médico, un problema social”, dice en Reversing Roe la periodista del New York Times, Linda Greenhouse, ganadora del Pulitzer. Fue Reagan el primero en virar y lo apoyaron los movimientos “provida”. Bush entendió que debía hacer lo mismo. Y luego Trump. Todos ganaron. ¿Pensará Macri que radicalizar su discurso le da más chances de ser reelecto?

Con información de Clarín

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