El presidente del Comité Cívico Pro-Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, le puso el 2 de noviembre un ultimátum al presidente de Bolivia, Evo Morales, diciéndole que le daba 48 horas para abandonar su cargo. Una movilización masiva dio apoyo a Camacho, que se ha vuelto el rostro más visible y combativo de una oposición que acusa a Morales de fraude electoral. Evo Morales, que lleva 13 años en el poder, sigue negando que haya habido fraude, y pidió, luego del ultimátum de Camacho, una reunión urgente con representantes de los sindicatos. Según el mandatario boliviano, la gente ya no está denunciando elecciones fraudulentas, sino que se está gestando un “golpe de Estado”.

Entretanto, la OEA lleva a cabo una auditoría del proceso electoral, cuyos resultados deberían estar listos la semana próxima. En estos días, el tono del conflicto social en Bolivia es cada vez más elevado. ¿Está Bolivia camino hacia una crisis de mayores dimensiones?

Todo esto se viene gestando desde 2016, cuando Evo Morales perdió en un referéndum, legalmente vinculante, para ser reelegido por un cuarto mandato, y aún así logró que los tribunales aprobaran esa extensión, lo que hizo que la oposición colocara ese tema en primer lugar en su agenda política.

Camacho y Mesa, los rostros más conocidos de la oposición

Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Pro Santa Cruz desde 2017, es el líder más radical de la oposición boliviana. Conservador y católico, es un abogado y empresario nacido en Santa Cruz en 1979. El objetivo de su comité es que se respete el derecho al voto y a la democracia, según dijo él mismo a los medios. Camacho es un hombre que ha irrumpido en la política, de indudable valor civil, pero no le conocemos mayor programa que pedir que se vaya Evo Morales. Tiene una retórica muy básica en cuanto a una propuesta política o un liderazgo más democrático. Es de un arrojo lindante con la temeridad.

Camacho pertenece también a la Coordinadora de Defensa de la Democracia, creada por Carlos Mesa Gisbert, un político de centroizquierda del Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), que se presentó a las elecciones en una coalición, la Comunidad Ciudadana. La Coordinadora de Defensa de la Democracia reúne a gran parte del espectro opositor. Carlos Mesa es un intelectual bien formado y ha ido reuniendo a gente muy interesante en torno a su persona, gente con una fuerte postura que tiene como objetivo reinstitucionalizar el país. El nivel de corrupción en Bolivia es muy alto, incluyendo a los dirigentes sociales. Lo que pide la opinión pública, y la oposición lo refleja, es la necesidad de restaurar una institucionalidad democrática y republicana, que se ha ido desmantelando con el actual gobierno.

CONADE y CONALCAM: asociaciones civiles en disputa

Pero, además de esas dos caras más visibles de la oposición, en Bolivia también son protagonistas del conflicto social el Consejo Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE), un conglomerado de organizaciones civiles que incluye al Comité Pro Santa Cruz de Camacho. Como contraparte, la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM), reúne a agrupaciones civiles que están a favor del gobierno y son corresponsables de las contramovilizaciones. Los choques entre ambas provocan esta semana confrontaciones en protestas, como, por ejemplo, en La Paz.

Tanto la CONADE como el partido de Mesa y el de Camacho denuncian que hay una penetración bastante importante del MAS en el Poder Legislativo, lo que, evidentemente, oscurece el panorama de las instituciones democráticas.

¿Cuáles son las propuestas de la oposición boliviana?

Durante sus mandatos, Evo Morales logró que la economía boliviana creciera en un 4,9 anual en promedio, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La consultora Oxford Economics, indica que Bolivia es uno de los países que más logró reducir la pobreza y la pobreza extrema en la década anterior, en 25 y 23 puntos porcentuales en 2006 y en 2018, respectivamente.

Si bien no se pueden dejar de lado esos logros, Evo Morales es el presidente latinoamericano que más tiempo lleva en el cargo, y una parte de la población lo acusa de querer perpetuarse en el poder y de ejercer el personalismo. La CONADE conglomera a organizaciones como la Central Obrera Boliviana, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, y fue la primera en llamar a movilizaciones permanentes luego del 24 de octubre, junto con Carlos Mesa. Piden que se respete la Constitución del 2009, y dado que hubo un bypass institucional en el referéndum del 2016, aspiran a que la sociedad civil se movilice en contra de eso.

La meta principal de la oposición en Bolivia es denunciar el fraude electoral e impedir que vuelva a ganar Evo Morales. Más allá de ese punto, no se ven aún propuestas políticas concretas. Y subraya que las demandas de la población boliviana no son de origen económico. Muchos de los grupos y comunidades que apoyan a Evo Morales dicen que su calidad de vida ha mejorado mucho, y por eso las protestas no se centran en la economía, sino en el peligro de la concentración de poder, que empieza a afectar al Tribunal Electoral y a la Justicia, con consecuencias imprevisibles a mediano y largo plazo.

No queda claro en qué términos formarían una coalición los partidos opositores. Dado que la oposición solo se concentra en que no haya un cuarto mandato de Evo Morales, parece que el único partido que tiene un proyecto a mediano plazo es el MAS, y este va a ganar más votos..

Sin embargo, hay analistas que sostienen que lo que quiere lograr la oposición es que se restablezca un cierto orden institucional, donde haya límites para el poder del Estado, donde el Poder Ejecutivo no sea el dueño del país, y el presidente no sea el mandamás.

En esa línea, las demandas opositoras se enfocan en frenar la enorme corrupción, que sí afecta la economía, por ejemplo, en el reparto de los beneficios, como si fueran un bien privado, entre los seguidores de Morales. Lo que quiere la oposición es que Bolivia sea para los bolivianos y no solo para los masistas. 


Con información de DW 

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